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25 de marzo: el 'verdadero' día de Extremadura

Un año más, diversos colectivos de la región reclaman que el 25 de marzo pase a ser la fecha oficial de Extremadura

“El 8 de septiembre fue una cacicada mía”. Con esta frase, Rodríguez Ibarra, ex-presidente de Extremadura, reconocía en un programa de Canal Extremadura que la elección del día de la región fue una decisión unilateral por su parte que, si bien fue aprobada por la Asamblea regional, partió de su propia iniciativa, quedando desde ese momento recogido en el Estatuto de Autonomía.


Campesinos el 25 de marzo de 1936. Fuente: El Periódico de Extremadura

Lo cierto es que, pase al valor que le damos a todo aquello que se instaura como tradición, el 8 de septiembre no es una fecha especialmente relevante en la historia de Extremadura por muchos archivos históricos que uno consulte. La elección del día 8, y no del 9 o del 10 del mismo mes, se debe a que ese día se celebran los festejos de la Virgen de Guadalupe, patrona de la región aunque venerada en Toledo. El expresidente rompió así con el consenso que había entre los partidos para que este fuese el 21 de mayo, día en el que se constituyó por primera vez el parlamento regional desde la dictadura, e ignoró la reflexión sobre el tema en el que estaba inmerso su propio grupo parlamentario. Ibarra no acabó así sólo con el consenso entre partidos, sino también con la posibilidad de que una elección tan importante como el día de la comunidad fuese elegido por unanimidad. Fue sólo un avance de lo que ocurriría en los sucesivos años, en los que el parlamento, en lugar de ser un reflejo de la soberanía popular, se convirtió, a través de las mayorías absolutas que conseguía en las urnas, en un mero apéndice del ejecutivo.


Llegados a este punto, y sabiendo ya la controversia que envuelve a la elección del día 8, la duda que puede asaltarnos es porqué formaciones como Unidas Podemos o la propia Asociación 25 de marzo luchan porque el 25 de marzo sea proclamado como día de la región. Para responder a esta pregunta, habría que remontarse a 1936, concretamente a la conocida como rebelión campesina extremeña.


Campaña de la Asociación 25 de marzo. Fuente: El salto diario

Antes de entrar en cuestión sobre qué fue y qué significó este episodio, conviene señalar algunas características del contexto histórico del momento, como el hecho de que prácticamente la mitad de la población (45,5%) en aquel momento se dedicaba al campesinado o que con la Segunda República llegaría la Ley de Reforma Agraria, que, entre otros, proponía expropiar latifundios para repartir su territorio entre los jornaleros, además de otras mejoras como la llegada de la jornada laboral de 8 horas al campo, seguro de accidentes para los campesinos o subidas de salarios. No obstante, pese a la gran expectación que levantó su aprobación, pronto se vió que las expectativas se quedaron solo en eso, y los escasos recursos de la Hacienda pública unido a la victoria en 1933 de la coalición de derechas de la CEDA paralizaron el proyecto.


En 1936 la situación se volvió insostenible, y la FNTT (Federación Nacional de los Trabajadores de la Tierra) movilizó una revolución campesina en un contexto de alta tasa de paro en el sector campesino. Así, el 25 de marzo de 1936, unos 80.000 yunteros ocuparon en torno a 250.000 hectáreas de forma pacífica y sin incidentes de manera simultánea por diversos pueblos de Extremadura.


La revolución fue ciertamente exitosa. Pese a los movimientos del gobierno por evitar la sublevación, muchas autoridades locales se negaron a no firmar las actas que pedían los campesinos (tal y como les reclamaron desde el gobierno central), por lo que el ejecutivo se vio obligado a enviar a ingenieros y funcionarios del Instituto de Reforma Agraria para dar al proceso de ocupación sensación de legalidad de cara al resto de territorios.


Al margen, se cree además que esta revolución pudo ser causa de los episodios tan sangrientos que Extremadura vivió en la Guerra Civil, conocidos como la Campaña de Extremadura y que habrían sido llevados a cabo como represalia por este alzamiento ciudadano.


Sin duda, el 25 de marzo fue una fecha relevante como pocas en Extremadura y nos recuerda el carácter luchador y reivindicativo frente a las injusticias de un pueblo que hace menos de un siglo se levantaba por su pan y hoy se levanta por su tren (entre otras cosas). Rodríguez-Ibarra podría nombrar una y otra vez el 8 de septiembre como día de Extremadura, pero eso no borraría nuestra historia: Extremadura es un pueblo luchador, y el 25 de marzo, verdadero día de Extremadura, el recuerdo de ello.


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