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Al éxodo rural se combate con fiestas

Los pueblos y aldeas de todo el país y, en especial de la llamada "España vaciada", están en peligro de extinción. Cada vez son más los jóvenes que deciden abandonar lo rural y marcharse a las ciudades más próximas. Pero hay algo que los puede ayudar: sus fiestas.


Pueblo deshabitado. Fuente: Bigstock

Organizar cualquier evento y, en especial, una fiesta con un presupuesto tan limitado, requiere de una gran inversión de tiempo y recursos. Sin embargo, muchas pequeñas poblaciones han demostrado que, con cierta planificación y creatividad, es posible organizar fiestas que contribuyan a salvar a los pueblos que están en peligro de extinción.


Y es que precisamente, estas celebraciones tradicionales son una herramienta valiosa para revitalizar la comunidad. Por ejemplo, pueden aprovechar estas festividades para ofrecer experiencias turísticas únicas promocionar sus productos agrícolas o artesanales que atraigan a visitantes interesados en conocer la cultura local. Esto último, es lo que el pequeño municipio coruñés de Arzúa, de apenas 6000 habitantes, lleva haciendo medio siglo, desde 1976.


Cada año, durante el primer fin de semana de marzo, se celebra su famosa Festa do Queixo ["Fiesta del Queso"] en la que los productores locales muestran quesos artesanales que se pueden degustar y comprar en los puestos de venta callejeros. En la localidad riojana de Haro se celebra, cada 29 de junio, día de San Pedro, la Batalla del Vino que consiste en que los participantes se lancen vino unos a otros hasta quedar completamente teñidos de granate. Esta particular fiesta no solo se ha convertido en un evento popular a nivel nacional, sino que también internacionalmente, ya que también logra que miles de turistas de todo el mundo se interesen por esta localidad.


Fiesta del vino en Haro. Fuente: Vinetur

Este tipo de fiestas locales son un excelente modelo de cómo una tradición se puede transformar en una oportunidad para la promoción cultural de una región. Es importante destacar que, obviando el valor cultural, también suponen una oportunidad para impulsar la economía local, ya que los visitantes gastan en alojamiento, comida y suvenires durante toda su estancia.


Las fiestas del pueblo tienen un impacto positivo no solo en el turismo y la economía local, sino que también en la propia comunidad. Al celebrar y honrar sus tradiciones y costumbres, las fiestas fomentan un sentido de pertenencia y orgullo entre los habitantes del pueblo, lo que a su vez ayuda a evitar el abandono de la región.


A lo largo de los años, las fiestas del pueblo han ido evolucionando y se han adaptado a los tiempos modernos, pero su espíritu de celebración y unidad sigue siendo el mismo. Estas festividades ofrecen una oportunidad para que la comunidad se reúna, se divierta y celebre, fortaleciendo los lazos sociales y culturales de la región. Y es que no solo sale beneficiado el turismo y la economía, sino que fomentan un sentimiento de comunidad de los habitantes que ayuda a mantener vivo el pueblo y evitar su abandono.


En un mundo cada vez más globalizado y conectado, es fácil olvidar cuáles son nuestras raíces culturales. Los pueblos, lugares donde nacimos y crecimos, son fundamentales en nuestra formación como individuos: los recuerdos de la familia, los amigos y el tiempo libre con los que se disfrutan estos lugares nos acompañarán a lo largo de nuestra vida. Y las fiestas del pueblo son una forma de mantener la historia en un mundo cada vez más homogéneo.

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