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China: El gigante que compra países a base de deuda

Un vistazo a las estrategias financieras de China para convertirse en rey de la dominancia mundial

Todo comienza el 15 de agosto de 1971, cuando Richard Nixon, presidente, por aquel entonces, de los Estados Unidos, anunció el abandono del patrón oro. Esta medida supuso el inicio de la emisión de moneda sin que esta tuviese que estar respaldada, lo que llevó al auge en el endeudamiento y la propulsión de las economías que recurrían a estos métodos.


Sin embargo, los economistas pronto avisaron de la peligrosidad que suponía, ya que genera inflación y pérdida de confianza, hechos que afecta al valor del dinero, pues este reside en las expectativas que la gente deposita en él. Al hablar de fiabilidad monetaria, nos referimos a la aprobación universal por parte de los inversores, que se basan en el potencial que estos ven en la divisa y, la estabilidad económica y política de las instituciones que la respaldan. Además de estos problemas, se le sumó la proclividad de los Estados a endeudarse y no poder devolver los préstamos por los altos intereses. De esta forma, muchos de ellos cayeron en impagos.


Dólares y yuanes. Fuente: Unsplash

Ante el problemático y excesivo incremento del endeudamiento comenzaron a aparecer Estados insolventes que eran incapaces de afrontar sus pagos y se veían obligados a buscar financiación por diversos medios. Por este motivo, los acreedores no encontraban atractivas las inversiones en estos lugares, con intereses exorbitados, debido al altísimo riesgo de prestar fondos y, las bajas probabilidades de devolución en estas regiones. En consecuencia, los gobiernos afectados por esta crisis de crédito se vieron aislados. Estas dificultades les hicieron dependientes de las ayudas humanitarias, el emprendimiento de actividades ilegales, venta de activos y la concesión de recursos para poder sobrevivir.


Ante este escenario la administración del gigante asiático vio una oportunidad de oro y pasó a plantearse si sería rentable convertirse en acreedor de pueblos con poco músculo económico para forzar la cesión de activos y soberanía. Esta idea nos lleva al panorama actual, en el que Pekín ha impulsado paquetes de estimulación a la deuda de países con situaciones críticas de acreencia. Estos contratos se caracterizan por el alto riesgo y por destinarse principalmente a labores de infraestructura. Para compensar la peligrosidad de estos créditos, son las propias empresas chinas quienes acometen dichas obras. Por otra parte, otra garantía exigida por China es el respaldo del préstamo con recursos naturales como el petróleo o minerales raros.


Edificio gubernamental chino y su bandera. Fuente: Unsplash

Como se puede apreciar, estos contratos esconden una intención maliciosa y abusiva, aunque de salir bien son más que lucrativos para los de Xi Jinping, presidente de la República Popular de China. Existen otros factores que contribuyen a ese objetivo oculto, como la carencia de transparencia internacional y las cláusulas de crédito bilateral, para así beneficiarse de los posibles bienes expropiables de forma exclusiva. Incluso figuran cláusulas de laudos, documentos oficiales emitidos por un árbitro parecidos a una resolución, que se activan en caso de demora en los pagos o reestructuración de la deuda. En caso de iniciarse dicho trámite esta mediación tendría lugar en Pekín, por lo que se presupone que la decisión no sería parcial.


Otro elemento de peso en estas relaciones contractuales es la propia naturaleza de los prestatarios: países como Sri Lanka, Afganistán o Angola que son naciones corruptas, mal dirigidas y dictatoriales. Esto por una parte contribuye al mantenimiento de tiranos en el poder, al desfavorecimiento de las clases humildes respecto a las clases gobernantes y supone una posibilidad para la contracción de demasiada deuda y así caer en políticas ineficientes.


Militar estadounidense en misión de seguridad internacional. Fuente: The Borgen Project

Muchos de estos países se vuelven totalmente dependiente del dinero chino pasado un tiempo y a la hora de acometer sus deberes para con China, se ven forzados a restructurar la deuda. Esta nueva configuración de sus responsabilidades se traduce en intereses abusivos y la caída en un círculo vicioso. Poco a poco, China se torna en un actor mucho más relevante y, al limitar la autonomía de este tipo de acreedores gracias a ser la única vía de financiación posible y, logra la absorción de influencia de forma gradual. Otra herramienta que busca explotar China es la apropiación de puertos estratégicos para así ampliar su influencia geopolítica y militar.


Esta expansión de la dominancia geopolítica se ha producido por el apropiamiento de puertos clave como en Djibouti y Hambantota (Sri Lanka), entre otros. A través de estas bases marítimas ha aumentado su presencia en regiones estratégicas y ha expandido sus redes comerciales. Otro punto clave ha sido el suministro de petróleo, gas y minerales raros en tiempos de escasez que ha podido obtener China debido a los impagos de sus prestatarios. Estos ingredientes han llevado a que Pekín surfease las crisis de una manera eficaz y sin mayores extraordinariedades.


Por todo lo expuesto a lo largo de este artículo, se puede entrever que China está abusando y doblegando Estados en su beneficio. Estas prácticas resultan del todo inmorales, pero son aceptadas por toda la comunidad internacional. Quizás sea este tipo de sometimiento por parte de países, mucho más desarrollados, lo que dificulte el desarrollo de estas naciones. Por eso, puede que interese mantenerlos como administraciones ineptas y poco competentes. Pero, ¿merece la pena jugar con la calidad de vida de los menos favorecidos para hacer geopolítica?





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