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Ciberespionaje: un arma estatal

Pese a llevar varias décadas entre nosotros, la mayoría no conoce mucho sobre el ciberespionaje. ¿Qué es realmente?

El ciberespionaje es un término en auge en el mundo contemporáneo. Surgen cada vez más incógnitas sobre qué es y qué esperar de él. En gran medida nos inunda el miedo al escuchar esta palabra porque no conocemos nada sobre él. No obstante, lleva conviviendo décadas con nosotros. Entonces, ¿qué es verdaderamente el ciberespionaje?


En primer lugar cabe puntualizar que el ciberespionaje sienta sus bases en el espionaje común, ese que nos ha acompañado desde el principio de la historia. El espionaje concedía una ventaja a aquellos pueblos, naciones o grupos de naciones que se hicieran con el control de información relevante de otras. En concreto, podemos observar numerosos hitos del espionaje a lo largo de la historia tales como la famosa máquina Enigma utilizada por el ejército nazi, posiblemente el dispositivo criptográfico más conocido en el mundo por su relevancia en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, o el famoso hito de Mata Hari, condenada a fusilamiento por proporcionar información sonsacada a los aliados a favor del eje.


Sin embargo, en la década de los 90 del siglo pasado hubo un desarrollo y una fuerte distribución de las tecnologías de la información, abriendo paso a todo un nuevo mundo no físico, conocido como ciberespacio. Este fenómeno multidimensional y global potenció dinámicas y herramientas que conectaban la esfera y así apareció internet. La nueva realidad que había nacido resultó ser un campo de cultivo para una también nueva modalidad de un espionaje renovado. Así es como surgió el ciberespionaje. Este tiene aún mayores efectos y ofrece más posibilidades que el tradicional, pues a través de dicho ciberespacio, es posible conseguir más información, más relevante, en menos tiempo y con menos recursos. Además, a diferencia del tradicional, que buscaba únicamente obtener información, el ciberespionaje tiene también la opción de manipularla, transformarla o incluso hacerla desaparecer.


Por ello, el ciberespacio se convirtió en una herramienta -apenas sin conocer- que arrojaba una serie de amenazas para la población no sólo por el espionaje de los Estados, sino por aquellos individuos que tratasen el ciberespionaje como vehículo para causas ilegítimas a través de vías de fácil acceso y operabilidad y con una alta posibilidad de impunidad por la complejidad para encontrar a los cibercriminales. Pero, centrándonos en aquel ciberespionaje que ejercen unos Estados sobre otros, cabe destacar su potencial especialmente en tiempos de guerra. El ejemplo más reciente es el de la guerra ruso-ucraniana que estalló el año pasado. Esta guerra ha sido denominada por muchos como “híbrida” -término teorizado por Frank Hoffman en su obra Conflicto en el siglo XXI- por la importancia que han tenido los ciberataques en ella para el aventajamiento de los bandos. En concreto, Rusia ha admitido que su plan estratégico va más allá de lo militar, pues interviene en Ucrania con servicios de espionaje que afectaron al Ministerio de Defensa ucraniano y a los principales bancos de propiedad estatal en Ucrania: PrivatBank y Oschadbank.


Simbología de Rusia ciberatacando a Ucrania. Fuente: Blankspot

En definitiva, los Estados se están desarrollando en un nuevo marco a la par que descubren nuevas formas de romper las barreras de la seguridad cibernética para su propio beneficio. Los países deben por lo tanto invertir en seguridad -tal y como lo está haciendo Estados Unidos que, con ataques que le afectaron (Nimda o el Código Rojo entre otros) como premisa, ha puesto la ciberseguridad al frente de la agenda de Seguridad Nacional- y en la educación para sus ciudadanos sobre el mundo cibernético y sus peligros.


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