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¿Dónde están los Derechos Humanos y las Cámaras?

El mundo perfecto regido por el moralismo y los intereses particulares, ¿mejor resultado imposible, no?

Muchos son los activistas, los defensores y abanderados de la democracia, derechos humanos, libertad e igualdad. ¿Existe realmente esa gente o los confundimos con sombras que se ciernen sobre nosotros en forma de estrategias de marketing, guerras de propaganda entre colosos empresariales y Estados?


¿Dónde quedaron las preocupaciones por el más débil, en caso de que existiesen? ¿Acaso un corresponsal se juega la vida en un municipio reducido a escombros por informar o por llegar a fin de mes mientras otros planean el próximo paso para confrontar con el de enfrente? Quizás por eso las cámaras graban a niños que son arrancados de los brazos de sus madres y empujados a seguir corredores humanos hacia el frío y oscuro Kremlin. O puede ser que todo conteste a un mero interés propagandístico más propio de una estrategia de comercialización de un producto, cuyo fin último es cautivar.


Joven camarógrafo en Sudán del Sur. Fuente: Internews.

Pero, ¿dónde están las cámaras cuando hablamos de Sudán o incluso Burundi? ¿Acaso nosotros somos los responsables de acabar con esto o son esos políticos embutidos en trajes que se dedican a hacer legislaciones para acabar con el hambre mundial allá por 2030? Puede que suene atrevido, mas ellos duermen tranquilos con escoltas y dietas. Aunque nosotros, mismamente yo, nos sentamos delante de un ordenador y solo redactamos o reflexionamos sin un plan de actuación y despojados de toda posibilidad de cambiar nada, o eso pensamos.


¿Son los malos tan malos? Puede que no, y nosotros, ese pueblo empoderado y tan libre, tampoco es tan justo como se pinta. Me viene a la memoria gente levantándose contra tiranías, monarcas absolutos, señores de la guerra e incluso esclavistas, pero siempre está detrás ese burgués que busca perpetuar privilegios porque él no los tiene y el de arriba sí. O esa personalidad que da la cara por una minoría mientras por detrás pone la mano.


¿Por qué dejamos que jueguen de este modo con nosotros? Tal vez África suene lejano, ¿nuestro vecino?, nos cae mal. Eso sí, cuidado si nos pasa a nosotros porque entonces se trata del mayor atropello. ¿Tenemos miedo o conformismo? ¿Luchamos o lanzamos zarpazos al aire? Una mezcla de ambas sería la respuesta. Sabiendo esto, ¡se puede mejorar y cambiar todo! Eso es lo que pensamos los occidentales que tenemos una sanidad, un trabajo, un centro de estudios, agua y una cama. ¿Pero y qué pensarán esos niños que portan un arma con diez años? Claramente son terroristas y desde luego esas personas que salen en los anuncios de las ONGs que trabajan dieciséis horas para un trozo de pan duro dan pena, pero al segundo se nos frunce una sonrisa porque aparece un humorista en la tele.


Niños mexicanos armados en conflicto. Fuente: NBC News

¿Qué podemos hacer? Desde luego el buenismo y la verborrea moralista de este artículo funcionan. Tal vez sea hora de sentarse y echar una mirada a la nada para ver si alguien tiene algo que proponer. Aunque seguramente esté ocupado viendo que modelito se vaya a comprar o lo malo que son los ultracapitalistas que explotan niños en Bangladés.


Qué cansado es ser el bueno y el héroe de todos. Sobre todo, cuando dedicas tanto tiempo a pensar en los demás. Oye, a lo mejor es una locura, pero y si en vez de llevarlo tanto al extremo piensas en cómo mejorar personalmente o intentar que ese compañero tan malo tenga apuntes para estudiar.


Eso sí, recuerda que esto son palabras vacías y es puro cristianismo vende biblias para hacerte sentir mal. Así que tranquilicémonos y sigamos hablando de geopolítica, de quien tiene más hombres o de cuantos niños mueren por desnutrición al segundo. ¡Eso sí es lo verdaderamente útil! Total, nada va a cambiar de aquí a mañana, ¿no?

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