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El árbol que impide ver el bosque

Los delitos sexuales se disparan en España mientras los debates van por otros lados


Un 12% es lo que han aumentado los delitos sexuales en España en el último año. No hay forma más clara de captar la atención del lector en este caso que disparar a bocajarro unos datos tan sorprendentes como alarmantes. En España, desde aquel 8M de 2018 en el que la sociedad pareció cambiar, han pasado tantas cosas que a uno le queda la sensación de que tantas vueltas solo nos han hecho volver a caer al mismo punto de partida.


Alarmante aumento de agresiones sexuales. Fuente: The Conversation

Es cierto, hablar de feminismo a día de hoy ya no es hablar de una ideología residual, sino prácticamente de un motor social y un tema de debate siempre presente en la mesa. Para bien y para mal. conceptos como "lenguaje inclusivo", "patriarcado" , "brecha de género" o "perspectiva feminista" son ya manoseados por todo el mundo en diversas tertulias, sin que se requiera ser técnico en igualdad para hacer uso de ellos. Pero tan cierto es eso como que mientras se hablaba de quién ostentaría la cartera de Igualdad en este nuevo gobierno, las agresiones sexuales se disparaban en España.


Lo alarmante ya no es solo el número, también la forma: un incremento de las violaciones en grupo, quizás una de las formas más salvajes de violencia sexual. La complicidad para cometer estos delitos no solo implica que uno viole y los demás no tengan la capacidad de reprochárselo, sino que además lo ven igualmente lícito y optan por participar en conjunto. Este es el reflejo de que el problema va mucho más allá de individuos aislados y de que en muchos casos se trata de aútenticos grupos organizados. Algo tendrá que ver el entorno en el que socializan los que luego son adultos, y algo tendrá que ver que las instituciones no sean capaces de controlar determinados contenidos en internet que normalizan comportamientos y actitudes que acaban así.


Otro aspecto preocupante es que casi la mitad de las víctimas eran chicas menores de edad. Se compran marcos de debates de tiempos ya superados como que "la educación sexual adoctrina a menores", pero nos llevamos las manos a la cabeza al escuchar las cifras. Mientras dejamos que el contacto de la educación sexual de los menores sea através de una pornografía en muchos casos violenta, agresiva e irreal, nos preguntamos cómo han llegado a interiorizar esos comportamientos. Una educación sexual correcta no solo implicaría conocer el cuerpo propio o las diferentes formas de amar, también qué comportamientos no hay nunca que realizar o tolerar, dónde marcar la línea entre el placer propio y el ajeno, y que ese placer se obtenga a costa de otro y no junto a otro. Una educación sexual correcta no se centraría únicamente en enseñar a poner preservativos.




Gráfica aumento delitos sexuales. Fuente: El Mundo


Sin embargo, en España los debates parecen ir por otros lares. Se habla por horas de la necesidad para un partido de que su mayor activo político ostente la cartera de Igualdad pero no de la necesidad de atajar de una vez el contexto de normalización de la violencia sexual en las redes; se habla de las negociaciones sobre qué partido elegirá a la Ministra de Igualdad, pero no de que para muchas mujeres volver solas a casa sea una actividad de riesgo; se dice que la sorpresa es quién ha sido elegida para Ministra de Igualdad pero no de la sorpresa que supone que tengamos un gobierno con fuerte presencia femenina pero a la vez sigamos sin poder poner remedio a la violencia de género. Optar por echar la culpa a las instituciones sería la salida fácil, la forma más sencilla de escurrir el bulto y no entender que este es un grave problema que nos interpela a todos, caer en los debates que nos alejan de la realidad. Lo que es más complicado es reclamar soluciones, entender que no estamos hablando de datos en abstracto sino de víctimas en concreto y que desgraciadamente cada vez son más. Lo difícil es dejar de mirar el árbol que nos impide ver el bosque.




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