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El Barro de la Revolución

El Barro de la Revolución es una película-documental que nos ofrece una visión única sobre cómo es el día a día de una de las múltiples unidades guerrilleras que integran el NPA, brazo armado del Partido Comunista de Filipinas


Fue grabada en 2015 y publicada en 2019 por Paloma Polo, artista madrileña de gran proyección internacional que, además de haber colaborado con el Frente Nacional Democrático de Filipinas, también ha formado parte del Comité Internacional de Coordinación de la ILPS (Liga Internacional de Lucha de los Pueblos).


Paloma Polo presentando una exposición en el Centro de Arte 2 de Mayo. Fuente: CA2M

La obra arranca mostrando cómo el grupo guerrillero lleva a cabo una expedición al río, con el fin de rellenar sus bidones de agua. De repente, cuando los revolucionarios se disponían a regresar al campamento, su travesía se ve interrumpida por unos disparos cercanos a su posición, ejecutados por lo que denominan como: “El enemigo”. El documental logra capturar y transmitir al espectador la tensión del momento, así como también nos muestra qué la responsable de dirigir el repliegue y las maniobras del pelotón es una mujer. Este, sin duda, es un hecho inusual en muchos ejércitos y más aún en países como Filipinas, cuya sociedad arraiga una mentalidad fuertemente conservadora y patriarcal.


Y es que, a lo largo de la obra, observamos como el NPA está a la vanguardia de la lucha contra la violencia machista y el patriarcado en Filipinas, al igual que lo está en la lucha por los derechos del colectivo LGTB. Mientras que el régimen de Filipinas aún prohíbe y castiga el matrimonio entre personas del mismo sexo, la guerrilla celebró en 2005 su primera boda homosexual entre dos guerrilleros.


Celebración del mes del Orgullo en la Guerrilla. Fuente: El Baluarte.

También debemos destacar como, al no incorporar música ni efectos de sonido, el documental solo nos permite escuchar aquello que graba la cámara, es decir, las pisadas de los combatientes, los sonidos del bosque, los disparos.... De esta forma se nos ofrece una visión aún más intimista sobre la guerrilla.


Durante la década de 1980, el NPA alcanzó su máximo número de miembros, contando con unas 25.000 personas entre sus filas. Esto se debe a que en 1980 varias empresas mineras, de entre las que destaca Benguet Mining Corporation, comenzaron a destruir los bosques y las tierras de las tribus indígenas para expoliar sus recursos. Debido a esto, miles de campesinos y miembros de las tribus se unieron a la guerrilla para defender su tierra y sus recursos de las zarpas de aquellas empresas. Sin embargo, tras el reciente tifón que ha arrasado Filipinas, el NPA afirma haber vuelto a aumentar el número de militantes a 25.000. “Nuestro objetivo es guiar al pueblo a la revolución nacional democrática”- dice uno de sus militantes – “inspirada en el Marxismo-Leninismo-Maoísmo.” Y es que, desde su fundación, en 1969, tanto el Partido como la guerrilla han buscado concienciar a las masas campesinas, a través de la educación popular, para qué se incorporen a su guerra popular prolongada contra el capitalismo y el imperialismo.


Guerrilleros del NPA recibiendo formación militar. Fuente: NYTimes.

Finalmente, el documental nos conduce a una ilusoria dicotomía entre lucha y justicia, al permitirnos extraer una minuciosa reflexión final sobre el papel de las guerrillas y la criminalización existente de la lucha armada. Cuando se incendió el Amazonas, todos los medios del mundo se hicieron eco de la noticia y mostraron su consternación ante la gravedad del suceso. Sin embargo, fueron pocos los que se atrevieron a hablar de las grandes empresas que llevan años incendiando los bosques y masacrando a la población indígena para expoliar los recursos.


Cabe entonces preguntarnos cuáles serían las portadas de estos medios, si algún día, la rabia e indignación de estos pueblos, abocados a la desesperación, se manifestase en la creación de un gran ejército popular para expulsar a estas empresas. Sin ninguna duda, la difamación y el desprestigio de los revolucionarios sería caldo de cultivo para adueñarse de una opinión pública relegada a la más opaca desinformación, tornándose así en cómplices directos de las masacres perpetradas por estas compañías.


Eso mismo parece estar ocurriendo hoy en día en Filipinas. Mientras la prensa difunde barbaridades sobre los guerrilleros, estos colectivizan las tierras y organizan a los campesinos entorno a un frente único, popular y combativo. Ardua es la tarea de la veracidad cuando son multinacionales las dueñas de la “libertad” de prensa.


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