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El fin del sueño americano: el despertar del dragón chino

De águilas a dragones, el declive de EEUU y el auge de China transforman el tablero geopolítico

El escenario geopolítico está siendo testigo de un cambio significativo en el equilibrio de poder debido al surgimiento del coloso asiático, China. Como un dragón despertando de un sueño milenario, China emerge en la esfera diplomática, mostrando su fuerza y determinación ante un Estados Unidos que pierde terreno y liderazgo. Este artículo examinará el ascenso fulgurante de China y cómo amenaza con opacar al tío Sam en un futuro no tan lejano.


En las últimas décadas, China ha vivido un crecimiento económico sin precedentes, pasando de ser un país principalmente agrícola a ser la segunda economía más grande del mundo. Este avance económico ha sido acompañado de un incremento en sus capacidades militares y su presencia diplomática en todo el mundo. En 2020, el gasto militar chino llegó hasta los 252 mil millones de dólares, un aumento del 5,4% en comparación al año anterior. Esta expansión ha permitido a China proyectar su poder en el Mar de China Meridional, donde ha creado islas artificiales y establecido una presencia militar permanente.


Soldado chino sosteniendo bandera en ejercicios de Kirguistán 2016. Fuente: The Wall Street Journal

China por su parte, ha estado ampliando su influencia a través de la iniciativa "One Belt, One Road" (OBOR) , también conocida como la Nueva Ruta de la Seda. Esta iniciativa incluye una red de infraestructuras terrestres y marítimas que conectan a China con Europa, África y Oriente Medio. En 2021 se estimó que más de 130 países habían firmado acuerdos de cooperación con China bajo el marco del OBOR, lo que demuestra su creciente alcance diplomático.


Por otro lado, Estados Unidos se ha enfrentado desafíos tanto internos como externos que han debilitado su posición en la escena mundial. La polarización política, tensiones raciales y la crisis sanitaria de COVID-19 han socavado la confianza en el sistema político y económico estadounidense. Además, su liderazgo en el comercio mundial se ve amenazado por la creciente competencia de China y otros países emergentes.


El control tecnológico es un campo de batalla crucial en esta lucha por el poder. China ha invertido significativamente en tecnologías punta, como la inteligencia artificial, la biotecnología y la energía limpia. En 2020, Huawei, la empresa tecnológica china, superó a Apple y se convirtió en el segundo mayor fabricante de teléfonos móviles del mundo. De hecho, China lidera 37 de las 44 iniciativas tecnológicas más relevantes a nivel mundial en la actualidad, consolidando su posición como potencia tecnológica emergente.


Chip con bandera de la República Popular China. Fuente: Knowledge at Wharton

En los últimos años, China se ha puesto al día desplegando una diplomacia activa y pragmática, logrando acuerdos significativos en áreas conflictivas. Un ejemplo es su propuesta de un plan de paz para Ucrania, que ha captado la atención de ambas partes en conflicto. Además, China ha facilitado la reconciliación entre Irán y Arabia Saudita, dos potencias regionales que históricamente han estado enfrentadas. Esto ha debilitado la hegemonía de Estados Unidos en Oriente Medio y ha dejado a sus aliados tradicionales, como Arabia Saudita, en busca de nuevos socios. Mientras tanto, Estados Unidos ha enfrentado dificultades para avanzar en conflictos como los de Irak y Yemen, donde sus intervenciones militares han resultado en estancamientos prolongados y costosos, lo que ha disminuido su influencia en la región.


En América Latina, Estados Unidos ha ido perdiendo terreno ante China, que ha incrementado su presencia diplomática y económica en la región. China ha establecido relaciones comerciales sólidas con países como Brasil, Chile y Perú, y ha invertido en proyectos de infraestructura en Argentina y Ecuador, entre otros. Esta creciente influencia china ha llevado a muchos países latinoamericanos a reconsiderar su alineación política y económica, alejándose de la órbita estadounidense. Su rol como mayor aliado de Sudamérica y segundo mayor socio de Iberoamérica, que a su vez posee 17.000 millones de dólares en inversión directa y créditos por valor de 137.000 millones de dólares en la región, le han convertido en una potencia a la que nadie está dispuesta a contradecir.


En contraposición, el sistema bancario estadounidense se encuentra en un momento delicado, tras la quiebra de grandes bancos como Silicon Bank y el aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal el pasado martes 22 de marzo. La lucha contra la inflación para mantener el dólar como divisa de reserva mundial ha dejado al país al borde de una recesión inevitable y con el potencial de un colapso en su sistema financiero.


Comparecencia de la Reserva Federal de Estados Unidos. Fuente: El Periódico

Mientras tanto, el presidente chino, Xi Jinping, ha conseguido un acuerdo con Rusia para que el yuan se convierta en la divisa comercial preferida para estas dos potencias en regiones como África, América Latina y Asia. Este hecho marca un cambio significativo en el sistema financiero global, ya que podría erosionar aún más la hegemonía del dólar estadounidense como moneda de reserva internacional. A medida que más países comiencen a adoptar el yuan para sus transacciones comerciales, la posición de Estados Unidos en el sistema financiero global podría verse debilitada. Esto se puede ver reflejado en rankings como el privilegiado BRAND FINANCE GLOBAL 500 que sitúa desde 2019 a los bancos chinos entre los cuatro más valiosos del mundo.


El ascenso de China en el ámbito geopolítico y económico representa un desafío sin precedentes para la hegemonía de Estados Unidos en el siglo XXI. El dragón chino está despertando y expandiendo su influencia en múltiples frentes, desde la tecnología y la diplomacia hasta el comercio y las finanzas. Estados Unidos, por su parte, se enfrenta a desafíos internos y externos que socavan su posición en el escenario mundial.


El fin del sueño americano no es un hecho consumado, pero es innegable que el equilibrio de poder está cambiando. Para mantener su liderazgo y adaptarse al nuevo orden mundial, Estados Unidos debe abordar sus desafíos internos y adoptar una estrategia diplomática y económica más inclusiva y cooperativa con sus aliados y competidores. De lo contrario, el despertar del dragón chino podría significar el inicio de una nueva era en la que el sueño americano se desvanece y el centro de gravedad geopolítico y económico se desplaza hacia Asia. El tiempo dirá si Estados Unidos puede adaptarse y prosperar en este cambiante escenario global o si, en cambio, el ascenso de China marcará definitivamente el fin de la dominancia estadounidense.



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