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El racismo en el fútbol

El jugador del Real Madrid, Vinícius Júnior, ha vuelto a ser objeto de insultos racistas en el partido contra el Mallorca

Parece mentira que nos encontremos en el siglo XXI porque, como sociedad, dejamos mucho que desear a veces. El racismo es, sin duda, uno de los grandes problemas que todavía debemos pulir. Y cuando los insultos racistas tienen como diana personajes públicos, la relevancia del problema se duplica. El mundo del fútbol no está exento de esta lacra, donde parece que los que profieren insultos campan a sus anchas con total tranquilidad. Aunque es un problema que afecta a muchos jugadores negros, en este artículo nos centraremos en el reciente y recurrente caso de Vinícius Júnior.


Vinícius, a sus 22 años, ha tenido que lidiar con varias situaciones desagradables. Hace unos meses, un tertuliano de “El Chiringuito” hizo unas declaraciones muy desafortunadas en las que instaba al jugador brasileño a que se fuese a bailar a su propio país. El programa tuvo que rectificar y pedir perdón; pero, desde entonces, la tensión ha aumentado con creces y se ha polarizado bastante. También se percibe que, desde aquel momento, el atacante del Real Madrid está más pendiente de lo que ocurre extradeportivamente con los rivales y la afición rival que de jugar al fútbol, causando una notoria bajada en su rendimiento.


Vinícius junto con Rodrygo celebrando un gol. Fuente: The San Diego Union-Tribune

Para tener una visión más amplia de lo sucedido, lo analizaremos bajo dos miradas distintas: la del jugador (Vinícius, en este caso) y la del aficionado que insulta. El primer actor de esta película es la víctima, es decir, el jugador. Vinícius Júnior es un jugador diferente a lo habitual; bicicletas, caños, autopases, velocidad… son sus características deportivas. Siendo natural de Brasil, es un jugador muy risueño, al que le gusta vacilar y que, quizás, tiene una actitud prepotente y chulesca. Gracias a sus habilidades suele conseguir que los contrarios se desquicien y acaben siendo amonestados por el árbitro.


Esto repercute en los aficionados que, de manera inexcusable, cargan contra él llamándole “mono” o “negro de mierda”. Aquí, la pregunta es, si el jugador fuese de raza blanca y tuviese las mismas características que Vinícius, ¿recibiría insultos racistas? Probablemente no. Aquellos que insultan se escudan en la razón de que lo hacen porque Vinícius es un provocador y, seguramente, tengan razón en su argumento. Pero, lo cierto es que no se debería recurrir al insulto bajo ningún concepto.


Ahora nos movemos al otro lado de la ecuación. Hacia el lado de los agresores. Voy a actuar un poco de abogado del diablo, pero siempre bajo la misma tónica: no se debe recurrir al insulto bajo ningún concepto, ya sea racista o no. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos insultado a alguien porque nos cae mal o es un provocador. No pasa nada por admitirlo, pues de eso se trata, de madurar como ciudadanos y ser responsables con nuestros actos. La diferencia radica en que estas personas no han madurado todavía y, aunque sean mayorcitos, hay que enseñárselo. En el caso de Vinícius, argumentan que Rodrygo -compañero de equipo en el Real Madrid y Brasil, de raza negra, brasileño y de la misma edad- no se comporta como él y, por eso, a él no le insultan. Afirmar que una afición es racista es injusto porque normalmente solo son un grupo de aficionados. Aunque sean unos pocos de miles, desgraciadamente hacen mucho ruido. Lo que ellos parecen no tener en cuenta es que lo que hacen tiene sus consecuencias: el club se arriesga al cierre de un sector del estadio o a una cuantiosa multa.


Vinícius conversando con Maffeo durante el encuentro ante el Mallorca. Fuente: Antena 3

Aunque últimamente estas acciones están siendo castigadas tanto por los clubes como por LaLiga, la tendencia que se observa es que los insultos racistas se van a seguir produciendo en un corto plazo. Si queremos un fútbol competitivo, pero respetuoso, todos debemos colaborar en encontrar un equilibrio.


Los futbolistas como Vinícius deben saber que no está permitido traspasar la línea hacia una gesticulación para el público, como encararse o provocar a la grada; los aficionados que insultan, quienes tienen un mayor grado de culpa, deben conocer que en los estadios hay una serie de normas que establecen un comportamiento adecuado, y que si no se cumple, se exponen a ser excluidos de eventos deportivos durante un largo tiempo.

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