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El terremoto de la nueva derecha sacude Europa

La victoria del Partido de la Libertad neerlandés de Geert Wilders atenta contra los cimientos democráticos europeos


El pasado miércoles 22 de noviembre se confirmó la noticia: el PVV (Partido de la Libertad) había ganado las Elecciones Generales de Países Bajos con la cifra de 37 escaños. Resultados muy por encima de su competidor socialista GL-PvdA (25 escaños), los conservadores VVD (24 escaños) y los centristas NSC (20 escaños). Es decir, una victoria aplastante.


Sé lo que estás pensando. ¿Quién es este señor? ¿Por qué me tiene que importar lo que pase en Países Bajos? Y, ¿qué son los Países Bajos y qué le ha pasado a Holanda?


Lo último es sencillo: tuvieron miedo al éxito. En cuanto a las dos primeras preguntas es necesario profundizar un poco más. En primer lugar, Wilders es un político que se declara en contra de la inmigración musulmana, la pertenencia a la UE y la transición verde. Estas ideas le inspiraron a crear el PVV en 2006 tras abandonar el VVD, principal partido de centro-derecha del país. Esta historia la hemos escuchado antes, ¿no?


Si buscamos las noticias referidas a estos sucesos seremos asaltados por hordas de titulares inexactos y sensacionalistas. Sobre todo, veremos como la palabra “ultraderecha” y “sorpresa” es citada por estos reputados periodistas, tanto en el “para ti” de Twitter -me niego a llamarlo X, Elon- como en los principales informativos del país. Por ese motivo, iremos más allá. Indagaremos sobre el significado de estas palabras tan repetidas usando el ejemplo de nuestros queridos amigos neerlandeses.



Geert Wilders, líder del PVV, celebrando la victoria. Fuente: Reuters

El primer punto a rebatir es la denominada “sorpresa” de estos resultados; spoiler: no lo es. Si observamos la tabla que se muestra debajo de los siguientes párrafos, podremos ver el porcentaje de voto que estas formaciones de “ultraderecha” - ya lo discutiremos más adelante- han conseguido en sus respectivos países desde los años 80. Antes de que te marees con tanto número como me pasó a mí, solo quiero que te fijes en la última fila resaltada en negrita.


Como se puede apreciar, la media en los países europeos ha ido aumentando a lo largo del tiempo. No obstante, el punto de inflexión se produce a partir de la década del 2010. Desde entonces, el número de partidos de este corte ideológico se ha casi triplicado (un 5,3% en los 2000s a un 13,4% a partir de 2020). Además, todos estos países cuentan con representación parlamentaria de estos nuevos partidos. Y, atención, han llegado a puestos de gobierno en Italia (Fratelli d´Italia), Austria (FPÖ), Finlandia (PF) o Suiza (CDU), además de ser la principal oposición en Francia (Frente Nacional).


Por tanto, aunque nos queramos hacer los sorprendidos, se podría decir que alguna que otra pista sí que teníamos. Quizá, y solamente quizá, tenemos que dejar de tratar como inesperados sucesos como el de Países Bajos. Quizá, y solamente quizá, es necesario abordar esta situación como un fenómeno asentado en nuestro panorama político. Quizá, y solamente quizá, estaremos preparados para hacer frente a esta situación.


Tabla del porcentaje de voto a los partidos de la nueva derecha popular radical en los países de Europa Occidental. Fuente: Casal Bertoa, Rama Caamaño y elaboración propia.

El siguiente tema a tratar es la carencia de significado y de la sobreexplotación de la palabra “ultraderecha”. De hecho, estos últimos días los llamados analistas políticos de renombre metían en el mismo saco a Javier Milei (nuevo Presidente de Argentina) y a nuestro amigo Wilders. Pero, esto no es nuevo. Llevamos años escuchando los nombres de Vox en España, Le Pen en Francia, o Meloni en Italia en la misma frase. Esta práctica de catalogar a todos estos partidos como ultraderecha, además de reduccionista, es altamente engañosa.


En primer lugar, vamos a analizar cómo de liberales o conservadores son los partidos políticos europeos en valores sociales y materias económicas (primer gráfico de la imagen de abajo). El círculo rojo representa al PVV de Wilders, posicionado en unos valores centrales en valores sociales y a la izquierda en materia económica (con valores similares al PSOE en este último apartado).


Por otro lado, el resto de círculos representan a los demás partidos de “ultraderecha”. Por poner unos ejemplos, Vox se encuentra en la esquina del diagrama, siendo el punto máximo de conservador en ambos ámbitos. A partir de ahí, es cierto que todos comparten valores sociales conservadores, pero difieren enormemente en lo económico, moviéndose en valores desde 4 al 9.


Sin embargo, si atendemos a las políticas de inmigración y respeto a la minorías, es cuando vemos que todos se encuentran juntos en la esquina superior derecha: en contra de ambas variables. Este no es el único factor que comparten ya que todos ellos abogan por una mayor autonomía nacional desafiando a la “burocracia de Bruselas”, además de un antialarmismo climático. Aun así, el simplificar estos partidos bajo una misma etiqueta nos priva de un análisis completo de los contrastes descritos en los párrafos anteriores.



Gráficos que muestran la posición liberal o conservaodra de los partidos europeos en lo social y económico (arriba); y la posición en contra o a favor de políticas de immigración y respeto a las minorías de los partidos políticos de Europa (abajo). Fuente: Pippa Norris en X

Por último, estos partidos políticos suponen una amenaza a los principios democráticos por su inherente desafío a las instituciones establecidas, de ahí su nombre de partidos anti-establishment. Muchos de ellos abogan por unos sistemas de democracia más directa y, por ende, buscan minar el sistema representativo por el que la vida política se sustenta. Asimismo, los discursos ideológicos de los que hacen gala -sin entrar en consideraciones personales- ocasionan grandes perturbaciones a políticas asentadas en el sistema europeo: Agenda 2030, apoyo a Ucrania, cambio climático o libre movimiento.


Este auge de esta nueva derecha no viene de la nada. Estos, como cabe esperar, se han nutrido de una total inoperancia de los partidos mainstream de derecha (como es el caso del PP en España). Estos últimos, ante esta nueva competición, han cortocircuitado. Es cierto que algunos han intentado imitar sus políticas de antiinmigración; sin éxito alguno. Esto se debe a que como ya indicaba Jean Marie Le Pen: “El votante prefiere el original a la copia”.


Lo que está claro es que el término “ultraderecha” se queda excesivamente corto a la hora de describir las políticas e iniciativas de todos estos nuevos partidos. Es más, el simplificar su naturaleza en esa palabra tan vacía se ha traducido en una ineficacia a la hora de combatirlos en los últimos años. Ya no valen las excusas de la “sorpresa”. Europa debe reforzar sus estructuras democráticas o, por el contrario, el terremoto de la nueva derecha las derrumbará.


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