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Emily in Paris: la 'ringarde' que vuelve a Netflix

Vuelve Emily in Paris con su tercera temporada, que eclipsa a las anteriores y sienta las expectativas para las siguientes

El 21 de diciembre se estrenaba en Netflix la tercera temporada de Emily in Paris. Protagonizada por Lilly Collins, la serie trata sobre Emily, una joven de Chicago que recibe la oportunidad de irse a vivir a París para trabajar gestionando el marketing de una firma de lujo. Desde los problemas con el idioma, a conocer gente o encontrar su sitio en la ciudad, Emily se enfrenta a todos los problemas que conlleva ser nuevo en una ciudad, y en especial una tan hostil como puede llegar a ser París. La serie cuenta con varias nominaciones a algunos de los galardones más importantes, como son los Globos de Oro, Emmy o MTV Movie Awards. Además, ha sido creada por Darren Star, cuya firma también está en obras del tamaño de Sexo en Nueva York, con la que en ocasiones ha sido comparada.


Las anteriores temporadas consiguieron tanto éxito como críticas. Desde el top 1 en lo más visto de la plataforma, la serie fue duramente juzgada por mostrar a las distintas nacionalidades que aparecen de forma casi caricaturesca: franceses bordes e insolentes, americanos analfabetos que desconocen el saber estar… Aunque la joya de la corona llegó con el personaje de una mujer ucraniana cuyo único propósito era actuar de manera histriónica con tendencia cleptómana. La dimensión de la polémica fue tal que el propio ministro de Cultura ucraniano llegó a pronunciarse, tachándola de "insultante". El blanco de las críticas también fue el estilismo, que pretendía repetir el legado de Sexo en Nueva York, pero resultó demasiado excéntrico e incoherente, especialmente en la protagonista, que no dejaba de ser una becaria vestida con la última colección de Prada.


Escena de Emily in Paris. Fuente: Netflix

A pesar de ello, consiguió gran repercusión y siguió renovando temporadas, lo que es una buena noticia, puesto que tomaron nota de los errores y han conseguido que esta nueva entrega esté mucho más elaborada y mejor conseguida. Mientras que en las anteriores se pecaba mucho de envolver toda la trama en torno a la protagonista (haciendo que en ocasiones se hiciera un poco pesado), en esta el argumento deja mucho más espacio para que se desarrollen las historias secundarias. Si hay algo que destacar de Emily in Paris es que, en ocasiones, el resto de personajes resultan mucho más interesantes y entrañables que la protagonista aunque, en general, la actitud de todos ellos es mucho más madura y entendible en esta ocasión. Otra de las novedades es que el argumento se centra mucho más en el ámbito laboral. Después del final intrigante que deja la temporada anterior, en esta se aprecia el esfuerzo de Emily por armonizar su vida, que ahora se divide entre lo que fue y lo que quiere ser: entre Chicago y París.



Escena de Emily in Paris. Fuente: Netflix

La realidad es que el inicio de la serie consigue un fenómeno muy curioso: el disfrute de criticarla. Ver la actitud tan naïve y egocéntrica de Emily, así como los personajes a su alrededor, que se dividen entre los demasiado edulcorados y los terriblemente crueles, termina por ser entretenidísimo, lo que deja claro que la serie no se toma demasiado en serio a sí misma. Y es que el programa debe juzgarse desde el propósito que tiene, que no deja de ser hacer pasar un buen rato, cosa que consigue con creces. No tendría sentido (y sería pecar de pretencioso), juzgarlo con la misma lupa que se ven obras de mayor calado. A medida que adquiere mayor recorrido y experiencia, la serie aprende de sus errores (también los estilísticos) y acaba por dejar un buen sabor de boca en el espectador, con lo que, contra todo pronóstico, se puede decir que Emily in Paris es un buen trabajo.


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