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Gobernados por nadie: la abstención en España primera fuerza política

La creciente abstención en las elecciones en España y en otros países puede estar relacionada con la desafección institucional y la percepción de corrupción en los partidos políticos

Los sistemas actuales que se dicen a sí mismos democráticos encuentran su fundamento en que sus órganos de gobierno son máxima expresión de la representatividad, siendo el voto la herramienta base de los mismos. Si esa es la lógica, cabría preguntarse qué pasa en España para que desde las elecciones democráticas de 1977 hasta noviembre de 2019, en un total de 20 procesos electorales, 7 hayan superado el 30% de abstención, 3 se hayan situado entre el 25% y el 30%, y 5 entre el 20% y el 25% (1).

*Elaboración propia en base a los datos del Ministerio del Interior

Si bien se deduce de ello que en torno al 70% de los españoles ejercen su derecho a voto, al contextualizar la abstención esta toma dimensiones escalofriantes.


Tomando como referencias las últimas elecciones generales, de ser la abstención un partido en sí mismo habría contado con nada más y nada menos que 124 escaños en el Congreso, siendo la primera fuerza política, recibiendo casi el doble de asientos que los que recibiría el PSOE, y dos veces y media más que los asignados al PP.


Cabe preguntarse entonces quiénes son esos 124 escaños, qué piensan y sobre todo, ¿por qué aún siendo la “primera fuerza política” no ejercen su derecho a voto?


Ya en 1960, Lipset realizó una caracterización de los abstencionistas que ha ido adquiriendo el carácter de referencia y punto de comparación clásico. En este sentido la posición social de la persona determina en gran medida su propensión a votar; los jóvenes como el sector más abstencionista, los casados votando mucho más que los solteros, los hombres más que las mujeres —si bien es una brecha que en las edades comprendidas entre los 18 y los 30 es casi nula—, y las personas con estudios superiores más que las personas que cuentan exclusivamente con los estudios básicos u obligatorios (2).


Sin embargo, ello sigue sin responder al porqué. ¿Se trata de pereza y mero desinterés por la política o bien es una opción ideológica?


Aunque se contempla que en toda democracia exista cierto nivel de desinterés, y que se considere como algo sano, la realidad no parece apuntar a que el crecimiento de la abstención siga esa línea.


Según el Barómetro Global de la Corrupción, ya en 2013 en 51 de los 107 países de la Unión Europea los partidos políticos eran percibidos como las instituciones más corruptas, y en el del año 2021 más de la mitad de los ciudadanos de la UE consideró que su gobierno estaba influenciado por unos pocos intereses privados. A ello hay que sumarle que, en el plano internacional, el porcentaje de votantes en elecciones legislativas ha ido decreciendo casi por defecto y más del 60% de las elecciones con menor participación electoral han tenido lugar en el último cuarto del siglo (3). En el plano nacional los partidos anti-establishment encuentran cada vez más espacios, y propuestas como la de Escaños en Blanco, el “lobby” abstencionista liderado por el abogado Aitor Guisasola o el movimiento Rompe tu voto pueden ser ejemplo de ello.



La realidad parece apuntar, entonces, a que no sólo estemos ante una separación política sino una auténtica desafección institucional. En un contexto de política de sobrepuja (outbidding), en el que la polarización sigue en aumento puede ser una mezcla explosiva, pues si al desencanto y desánimo de la población menos politizada le añadimos una masa de votantes radicalizada, el panorama no se plantea especialmente esperanzador.



(1) Daniel del Valle-Inclán Rodríguez de Miñón. Profesor de Derecho (2023) La Cultura de la abstención en España, The Conversation.


(2) Font Fàbregas, J. Manuel Justel in memoriam la abstención electoral en España, CIS. https://reis.cis.es/REIS/PDF/REIS_071_072_04.pdf


(3) Fernando Casal Bértoa and José Rama Caamaño (2017) “Democracia en crisis? El futuro de los partidos políticos y de la democracia representativa,” Revista de las Cortes Generales, (100-102), pp. Revista de las Cortes Generales, 2017 (100–102).



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