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¿Hacia dónde se dirige el mundo?

Un análisis del pasado, presente y futuro sobre los regímenes políticos

Vivimos en una realidad cambiante en la que surgen nuevas formas de hacer política, lo que deriva en una confrontación por imponer cada uno su ideología. Esta lucha se ve ilustrada en la disputa que enfrenta a China, Rusia y Estados Unidos. Además de la tradicional rivalidad entre capitalismo y comunismo, se han ido adhiriendo nuevos contrincantes. Debido a la gran variedad de corrientes políticas y el ansia de estas por ocupar un puesto principal, en el panorama mundial han convertido a la idea de un sistema político hegemónico en algo pasado.

Un elemento indispensable es la replicabilidad, por lo que para entender cómo se producen estas transiciones ideológicas se debe atender a los antecedentes. Durante la pasada centuria cohabitaron el comunismo, liberalismo y fascismo. Este último fue derrocado, principalmente, tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. También hay otros factores determinantes, como la condena internacional y la pérdida de legitimidad por su naturaleza autoritaria y represiva. Estos puntos buscaban perpetuar en el poder a una élite tiránica por medio de la violencia y el miedo para así someter a la población.

Retrato de Hitler, Churchill, Stalin y Roosevelt. Fuente: Apple TV-Titanes del Siglo XX

Además, el comunismo, doctrina que aboga por la repartición equitativa y total de los medios de producción por parte del Estado al pueblo, se fue desvaneciendo. Todo a causa de que nuevos líderes llegaban a las esferas de poder y estos despojaron de su sentido al régimen político. También se debe destacar que la presión popular y la baja eficiencia productiva durante las décadas de los ochenta y noventa contribuyeron a fenómenos como la caída de la URSS. La última bala que tenía el comunismo "total" fue desechada tras la legalización de la propiedad privada en China allá por el 2007, acto simbólico que marcó la apertura económica del gigante asiático.

Con el liberalismo, disciplina política que defiende la individualidad y la mínima o nula intervención del Estado, llegamos hasta nuestros días y se puede apreciar cómo esta corriente ideológica se va alejando de su naturaleza. Esta crisis existencial se debe a la pérdida de competencia privada en la que basa su funcionamiento. Estudios como el del Banco Mundial de 2018 atribuyen este bajón a las barreras de entrada a algunos mercados. Incluso un informe elaborado por la Comisión Europea en 2019 sostiene que ha aumentado la concentración empresarial, reduciendo así la entrada de nuevas empresas en ciertos mercados. Otro factor acuciante es la desconfianza generada por sucesos como la crisis de 2008.

Nuevas formas de política. Fuente: Vox

Resulta natural afirmar que estos sistemas han sufrido muchas evoluciones y otras tantas han ido apareciendo. Una de ellas sería las políticas verdes, fundamentadas en proteger el medio ambiente y fomentar el desarrollo sostenible y que surge por la relevancia que han tomado los valores postmateriales en nuestras sociedades. También se podría mencionar al liberalismo corporativo que aboga por la regulación de la economía por parte del Estado, ya que las empresas tienen responsabilidades sociales y medioambientales, pero se encuentran en un punto intermedio entre la libre competencia y la intervención gubernamental para proteger los intereses colectivos.

Otro de ellos es Democracy 2.0, un sistema que busca integrar al ciudadano en la toma de decisiones mediante procesos directos de participación basados en el uso de las nuevas tecnologías. Una apuesta ya consagrada, pero que va cogiendo fuerza, son los sistemas tecnocráticos, aquellos en los que se busca que gobiernen los mayores expertos de cada campo. Por último, aunque se podrían mencionar otros muchos, se encuentran las dictaduras digitales que emplean las innovaciones tecnológicas para conseguir un mayor control de las personas y así prevenir revoluciones o políticas más eficaces, pero limitando los derechos y libertades.

En lo que se refiere al futuro, es difícil predecir qué rumbo tomarán los gobiernos de las próximas décadas. Pero algunos de los elementos que podrían sufrir un auge son el nacionalismo, la participación ciudadana y la polarización. No es descabellado pensar que los sistemas vayan a estar obligados a adaptarse a herramientas y problemáticas como las nuevas tecnologías, el cambio climático y la delicada interconexión generada por la globalización. Atendiendo a estos factores el sistema que mejor encaje a nivel macro (eficiencia) y con las peculiaridades de cada sociedad triunfará.



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