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Joaquín más allá de Sorolla: conociendo a la persona delante del lienzo

Actualizado: 22 oct 2023

Nos reunimos con Beatriz Lorente, familiar del pintor Joaquín Sorolla, con motivo del centenario de su muerte, para charlar sobre cómo era él, la historia de su museo y el legado que permanece a día de hoy en su familia


En este año 2023, se cumple el centenario de la muerte de Joaquín Sorolla, pionero del impresionismo en España, que por su destreza técnica, uso del color y gusto por las escenas cotidianas, ha pasado a la historia como el maestro de la luz. No es ningún secreto que el valenciano ha desempeñado un papel crucial en la historia del arte español, no solo por la influencia de su estilo, sino por su difusión en el extranjero. Es por ello que son muchas las ciudades (entre ellas Madrid, Valencia o Barcelona) las que han decidido conmemorar al artista acogiendo exposiciones durante este año, para conmemorar el centenario de su muerte. Aunque en esta ocasión, dejamos a otros explorar su faceta artística para centrarnos en conocer a Joaquín, el hombre con unos valores adelantados a su época, cuyo amor y dedicación por su familia y por su tierra han hecho que el apellido Sorolla sea digno de orgullo para quienes lo portan.


Sorolla pintando la obra "Niños en la playa del cabañal" (1917). Fuente: Museo Sorolla


Por eso mismo, me reúno hoy con Beatriz Lorente, familia del pintor al haber estado casada con su nieto, Manuel Lorente Sorolla, hasta su muerte, para charlar de la persona detrás del pintor, así como de la historia del museo. Me reúno con ella meses más tarde de lo esperado; entre las agendas y el bullicio de Madrid no ha sido posible vernos hasta ahora. Como es común en este tipo de situaciones, la forma de coincidir es improvisando, en este caso, en un restaurante a la orilla del mar, en Altea (Alicante). Dónde sino para conmemorar al valenciano.


Bea es transparente y sincera, con el toque de humor cínico propio de quien ya no cuenta los años con los dedos de las manos. Le gusta hablar y se agolpan las anécdotas y opiniones una vez empieza, pero también queda claro que piensa todo lo que dice. Al hablar, resulta curioso ver cómo interpreta y modula la voz para representar cómo son las personas de las que habla, también dice mucho sobre qué opinión le merecen.


- ¿Cuándo te diste cuenta de que su familia eran los Sorolla?

Pues fíjate, yo con mi padre nunca me he llevado bien, pero creo que me he casado con Manolo gracias a él. Cuando nos conocimos y le pregunté cómo se llamaba, me dijo que era Manuel Lorente Sorolla, yo le pregunté si era Sorolla de verdad, como el pintor y me dijo que el pintor era su abuelo. Quería saber qué sabía yo de él y digo, hombre, que es un pintor maravilloso, con un museo en Martínez Campos. Le sorprendió que conociera el museo, y le dije que había ido como tres o cuatro veces. Era la primera chica de mi edad que conocía que sabía quién era Sorolla (la gente era muy inculta entonces y Sorolla era mucho menos conocido que ahora también). Entonces, se unió a mi pandilla y ya pues venía todos los días.


- ¿Cuánto tardó en presentarte a su familia? ¿Había un ambiente escéptico al conocerlos?

No me presentó a su familia hasta muchísimo tiempo después, como 2 años. Porque eran muy extraños. Yo entraba en su casa, ellos vivían en un chalet de cuatro plantas, pero siempre me quedaba abajo. No sé cuando conocí a mi suegra.

Sorolla pintando al caballo en la finca Villar de los Álamos (Salamanca, 1912). Fuente: Archivo José Luis Parra

- ¿Crees que Sorolla está mitificado dentro de la familia?

En la mía desde luego. Yo he estado siempre bastante enamorada de Sorolla por las cartas que escribía a su mujer cuando estaba fuera, que era muy a menudo. Le escribía todos los días y además le ponía flores dentro del sobre (entonces llegaban en burro las cartas hasta correos del pueblo más cercano). Su mujer cuando recibía las flores las ponía en agua y todavía seguían viviendo.


Mi marido y su hermano siempre habían querido leer esas cartas, y por manías del museo y de su primo no se podían tocar para no deteriorarse. Mi marido se murió sin haberlas leído. Al final, dieron permiso con la condición de que se transcribieran a mano. Mi cuñado me pidió que le ayudara a hacerlo y tiempo después me confesó que quería escribirlas conmigo porque Manolo se quedó con las ganas. Todas las semanas me venía a buscar a mi casa para ir a la biblioteca del museo y transcribir.


Había momentos en que no podía seguir, me sudaban las manos de lo impresionada que estaba. Eran una maravilla. En todas ellas siempre hacía dibujos de lo que tuviera enfrente. Sorolla estaba continuamente dibujando, cada uno de los tres hijos tendrá 60 o 70 dibujos así. Me impresionaba muchísimo porque era una maravilla de persona, de cariñoso y de todo. Cuando no recibía una carta de su mujer o de sus hijas se ponía enfermo; todo el tiempo era pedirles cartas porque no podía vivir sin ellos. De hecho, su hija María tuvo tuberculosis y por eso siempre vivía asustado (era otra época; entonces venía una gripe a Madrid y se morían dos hijos en cada familia), por eso preguntaba en todas las cartas si “estaban buenos”.


Sus padres murieron ambos cuando él tenía dos años; le acogió una hermana de su madre, vivían en Valencia. Con 15 años, empezó a hacer dibujos de los hierros de los balcones y las cosas que iba haciendo su tío, que era herrero, y entonces se dieron cuenta de que era una persona especial.


Celebración familiar (diciembre de 1907). Fotografía de Antonio García Peris

- Hay quien dice que sin Clotilde, Sorolla no sería lo que es. ¿Cómo crees que era su relación con ella?

Sorolla no hubiera sido lo que fue sin Clotilde porque él era muy romántico, muy miedoso, absolutamente nada material y Clotilde le llevaba las cuentas, tasaba los cuadros, los vendía… Él la llamaba 'el ministro de economía'. Dicen que fue a ella a quien le debemos el museo. Pues sí, porque estaba absolutamente enamorada de él, daban la vida el uno por el otro, ha sido un amor impresionante. Es algo que la gente no dice, pero en sus cartas Sorolla contaba que él tuvo la ilusión de tener un museo. Una vez que falleció, fue ella quien lo fundó y, para ello, desheredó a sus hijos, quitándoles hasta la legítima.


Una vez mi madre, que no sé de dónde se lo ha sacado, me contó que él estuvo becado en Italia, en Asís y se casó allí en 1988. En aquel entonces, no tenían dinero porque era caro pagar a Sorolla; por eso, su mujer se hizo asistenta, para que no se le estropearan las manos. Mira que ella era muy elegante y venía de una familia muy acomodada.


Sorolla y Clotilde en Valencia (1901). Fotografía de Antonio García Peris


- ¿A qué te refieres con que Sorolla era muy miedoso?

Por ejemplo, porque nunca se metió en el mar y no cogía un barco. En cambio, se bañaba todos los días (en aquella época no se bañaba nadie). Cuando iba a Granada, en todas las posadas a las que iba, porque no vivía elegantemente, se compraba un barreño grande que ahora está en el museo, pedía un cubo de agua caliente y después escribía a su mujer para contarle que se había bañado y ya se iba a pintar.


- ¿De dónde crees que sacó Sorolla su carácter rompedor? Porque era extraño que alguien de su época fuera tan moderno para ciertos temas: pintó a su mujer desnuda y se preocupó porque sus hijas tuvieran una buena educación

Era muy moderno, tenía una cultura impresionante que no me explico de dónde la sacaría porque hablaba francés, italiano y valenciano, aparte del castellano. Aunque yo no he visto que leyera, pero sus amigos eran toda la aristocracia del momento: escritores, pintores… Como los pintaba y era tan encantador y tan simpático se hacían amigos.


Por ejemplo una vez, no sé qué le habría pasado a Alfonso XIII que le dijo: “Sorolla, es que la gente se cree que ser rey es tener mucha suerte, pero no es así, es muy complicado ser rey”. Él le contestó: “No me extraña nada, Majestad, si es que para ser feliz y estar a gusto solo se puede ser pintor".


Sorolla Pintando en la granja El «retrato del Rey Alfonso Xiii con uniforme de Húsares» (1907). Fotografía de José L. Demaría




- ¿Crees que todo ello fue por iniciativa propia o tuvo un mentor?

Su suegro (Antonio García) tuvo mucha influencia en él, era tan sensacional para la fotografía como Sorolla para la pintura, era impresionante. Viajó por el mundo entero descubriendo todos los inventos de la fotografía que había en aquella época. Fue el primero en fotografiar la llegada de Alfonso XIII a España, y yo que he sido fotógrafa y mis fotos se han ido destiñendo o tintándose de un color sepia, te puedo decir que las fotos de Antonio García están perfectas. Que, por cierto, hace poco han tirado su estudio en Valencia, con todos los negativos dentro.


La historia es que cuando tenía unos 17 años, Joaquín pintó una tablita y se la compró un amigo suyo que era el hermano de Clotilde. Cuando la vio Antonio, pensó que ese chico pintaba de maravilla, se lo presentó y le invitó a vivir con ellos, lo que también originó que se enamorase de Clotilde desde pequeño.


No diría que fue su mentor, pero desde luego tenían una relación muy íntima, sobre todo en el ámbito artístico: Sorolla consultaba a su suegro sobre la composición de los cuadros e incluso llegó a pintar una fotografía suya. Hay una cosa que tienes que saber y lo tienes que vivir, y es que las buenas personas se juntan con buenas personas y los hijos de puta están con los hijos de puta, es así. Y Sorolla era una persona inteligente y muy buena, y por eso ha estado con una gente impresionante.

Sorolla retratado en la calle Fernán González pintando la Catedral de Burgos (1910). Fotografía de Alfonso Vadillo.

Dicen que murió por el estrés que le causó el encargo de la Hispanic, por el tamaño de aquellos cuadros, y que él pintaba al natural, lo que añade todo el proceso de buscar las localizaciones, modelos, los trajes y demás, que le terminó pasando factura. Es que hay mucho bulo con que pintaba de fotografía…, y una mierda, todavía tengo fotos de Sorolla con los tobillos metidos en la nieve para pintar la catedral de Burgos, él siempre pintaba a la intemperie. Si tenía que hacer un cuadro con cinco personajes, tenía que tener a los cinco en frente.


Hay una cosa que tienes que saber y lo tienes que vivir, y es que las buenas personas se juntan con buenas personas y los hijos de puta están con los hijos de puta, es así

- Ahora que has formado parte de su familia, ¿qué sientes cuando vas al museo?

Pues hace muchísimos años, unos 50 o así, en París, en una cola de un cine, vi que la señora de delante llevaba una blusa con un trozo de un cuadro en el que se veía a mi suegra y me impresionó muchísimo, me quedé arrobada. Pero, claro, eso era entonces, ahora ya no me impresiona lo más mínimo, yo ahora veo a mi suegra puesta en una lona en una fachada en Valencia y, eso sí, siempre hablo con ella, pero ya no me impresiona… al final te acostumbras a todo.


Sorolla en su estudio (1911). Fotografía de Ricardo de Rivero

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