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La danza la condujo a espiar en la guerra y a luchar contra la discriminación: Joséphine Baker

Joséphine Baker: la artista, espía y activista por los derechos de las personas negras que influenció a toda una generación.

¿Cómo se llega de la nada al todo? ¿Cómo alguien se convierte en la influencia de un país y de una generación entera? Comienza así el camino de Joséphine Baker nadando hacia la superficie de un océano discriminatorio que inundaba los Estados Unidos en 1906, año de su nacimiento. San Luis, su ciudad natal (Misuri) es la localización de una gran masacre motivada por causas raciales que acabó con la vida de 250 personas y donde 6000 hogares fueron incendiados, entre ellos amigos y conocidos de Joséphine.


Pasó los primeros años de su vida durmiendo en una caja de cartón en el sótano de una familia adinerada para la que trabajaba como limpiadora. Tan solo siendo una niña, con 13 años ya se unía en matrimonio con el músico Willie Wells del que se divorciaría un tiempo después. De la mano de su casamiento descubrió su pasión y su simultáneo talento para la danza. Fue así que decidió que no quería la vida que le había tocado vivir. Haciendo caso omiso a las plegarias de su madre, empaquetó sus pertenencias y emprendió su camino hacia Broadway en busca del estrellato. La oportunidad de su vida se presentó frente a ella personificada con el nombre de Donald J.Reagan, quien trabajaba para la embajada de Estados Unidos en París. Le propuso a la joven artista una oferta que no podría rechazar, un espectáculo muy bien remunerado en el corazón de La Ville Lumière, los focos de la ciudad estaban a punto de iluminar su vida.


La Revue Nègre, su primer espectáculo, se representó en el Teatro de los Campos Elíseos en 1925. Sedujo a la audiencia con una combinación de movimientos energéticos, posturas que demandaban gran flexibilidad y su contagiosa alegría. Vestida tan solo con su popularizada falda de plátanos llevó a la locura a miles de parisinos. Había nacido una estrella, la Venus de Bronce.


Al tomar la mano del industrial Jean Lion, Joséphine Baker adquiría la nacionalidad francesa despojándose de la discriminación norteamericana. En Francia, el diamante relucía más que nunca. Por ello su privilegiada posición no pasó desapercibida entre los poderosos ofreciéndola la alianza y la unión al servicio nacional de espionaje al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. “Francia es el país que me adoptó sin reservas. Estoy dispuesta a dar mi vida por ella” fue la inmediata respuesta de la artista. Al dedicarse al mundo del espectáculo viajaba sin sospecha alguna y se adentraba en embajadas enemigas. Recopilaba información y la transportaba en sus partituras escritas con tinta transparente cuidadosamente escondidas en su ropa interior. Aunque fuese una gran labor, Josephine no se limitó únicamente al espionaje durante la guerra, sino que trabajó como enfermera, como piloto, acercó a soldados negros y blancos y, a través de sus canciones y bailes, animaba a los exhaustos y afligidos soldados.


Al llegar los años cincuenta volvió a los Estados Unidos con nada más y nada menos que la Legión de Honor bajo su brazo. A pesar de ello, el país no había cambiado y el racismo predominaba en sus calles. Baker tenía un propósito: triunfar en su país. Aliándose con Louis Amstrong, Duke Ellington y Fats Waller comenzó una gira por los diferentes estados negando el espectáculo a aquellos locales donde la segregación de blancos y negros estaba impuesta. La gira se remató con un gran desfile en Harlem donde a Joséphine se le fue concedido el título de “Mujer del Año” de la mano de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color. Sus andaduras por los Estados Unidos no terminaban ahí: Joséphine Baker se presentó y habló frente a 300.000 personas en la histórica marcha de Martin Luther King sobre Washington en 1963 donde pronunciaría su legendario “I have a dream”, convirtiéndose en la única mujer en discursar.


Joséphine Baker en la marcha de Martin Luther King, 1963. Fuente: RTVE

A pesar de sus méritos, riqueza e influencia, Josephine Baker se hallaba ante deudas por valor de medio millón de dólares por lo que, al poco tiempo, fue desalojada de su ostentoso castillo (actualmente convertido en museo). Allí vivía con sus doce hijos adoptados, apodados la “Tribu Arcoíris” en representación de una gran familia multirracial. Tras el desalojo, transcurrieron siete horas en las que Baker quedó inamovible bajo la lluvia en la puerta de lo que había sido su hogar. Volvía a no tener nada. Esta imagen sobrevoló Francia, la cual veía a su fénix de vuelta a las cenizas. Por suerte, apareció una figura más en la vida de la artista, Grace Kelly, quien la ofreció su ayuda otorgándola un nuevo hogar en el Principado y la ayudó a relanzar su carrera. Una vez más, como era de esperar, Joséphine robaba todas las miradas en su nuevo espectáculo: Bobino. Volvía así a su entorno natural: el escenario. Pero la desgracia no tardó en apoderarse de ella, cuatro días tras el estreno, el 12 de abril de 1975, hallaron su cuerpo sobre su cama rodeado de recortes de sus propias críticas, Baker había sufrido una embolia.


Si es verdad que parece que con su muerte finaliza su historia pero, Joséphine tenía aún más que aportar al mundo. El 30 de noviembre de 2021 se convertiría en la primera mujer negra extranjera en entrar al mausoleo de los personajes históricos venerados en el Panteón de Francia. Lugar donde descansan 80 héroes nacionales como Víctor Hugo o Marie Curie. Recibía así Josephine Baker el honor que tantas veces se había ganado.




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