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La regresión democrática en Europa

Actualizado: 24 ene 2023

El rumbo político del este de Europa alerta de una regresión en los valores democráticos europeos

El último cuarto de siglo XX fue testigo de la mayor expansión democrática de la historia. Lo que Samuel P. Huntington denominó como la "tercera ola", fue la primera en establecer la democracia como forma de gobierno predominante en el mundo. Previo a ella, solamente el 22% de los estados de todo el mundo contaban con la democaracia liberal a la que estamos habituados actualmente. Esta expansión tocó techo en el año 2006, habiéndose establecido un gobierno democrático en el 61% de los estados mundiales.

A partir de ese año, se ha ido produciendo una regresión democrática gradual en la que países que eran considerados democracias, han virado su rumbo convirtiéndose en regímenes hibrídos o incluso en gobiernos autocráticos. Prueba de ello es que el 2019, fue el primer año en el que la mayoría de estados con una población mayor a un millón de habitantes no eran democráticos. Asimismo, fue la primera vez que la mayoría de la población mundial no vivía en una democracia.


Esta regresión parecía afectar exclusivamente a países asiáticos como Tailandia y Blangadesh, y sudamericanos como Brasil o México. Sin embargo, dicha regresión se ha materializado en Europa en forma de Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia. Estos países forman el Bloque de Visegrado (V4), formado en 1991, y cuya característica principal es la oposición activa a las políticas de Bruselas y a la centralización europea. Este retroceso se viene dando desde el año 2010 y se ha ido incrementando a medida que estos países aumentaban su poder en la toma de decisiones en la Unión Europea. Además, todos ellos tienen en común una retórica nacionalista, conservadora y basada en liderazgos fuertes.



Mapa de los países que componen el V4. Fuente: Danube Institute

Por un lado, todos los líderes políticos de estos países son de ideología conservadora, aunque Polonia y Hungría son más radicales que sus compañeros. En República Checa, gobierna Petr Fiala en una gran coalición de liberales conservadores, democristianos y verdes. Por el lado eslovaco, el líder es Eduard Heger, acompañado de una coalición de social-conservadores y conservadores. Por su parte, Polonia se encuentra liderada por Mateusz Morawiecki, derechista nacional acompañado de los nacional-conservadores y, finalmente, Viktor Orbán, derechista nacional, gobierna Hungría junto a los democristianos.


El principal factor por el que a estos líderes se les acusa de la regresión democrática en sus países es debido a sus posiciones respecto a la Unión Europea, lo que lleva a pensar que podrían ser euroescépticos. No obstante, este calificativo no es la realidad. En primer lugar, estos estados ven con buenos ojos la Unión ya que, como al resto de países miembros, reciben miles de millones de euros en forma de subsidios, que forman parte capital de los presupuestos de estos países. Por otro lado, la oposición que protagonizan estos líderes no tiene que ver con los propósitos de la Unión, como la cooperación entre países para facilitar el comercio o la preservación de la paz, sino con la idiosincrasia de esta.


En los últimos años, la Unión Europea ha ido evolucionando de una confederación en que cada país era absolutamente soberano y solo se tenían intereses comerciales, a un modelo casi federal en el que los países forman parte de un todo y una voluntad general. Este hecho es opuesto a las ideas defendidas por Hungría y Polonia, quienes defienden la idea de la nación estado como base de la Unión. Es decir, estos países están de acuerdo en el comercio y subsidios de la confederación, pero no consienten que esta juzgue y regule el régimen político establecido en su país.



Viktor Orbán. Fuente: Journal of Democracy

Desde el punto de vista europeo, sí es cierto que los países son soberanos, pero para formar parte de la Unión Europa hace falta cumplir con ciertos requisitos que se fundamentan en los valores democráticos. Por ese motivo, la Comisión Europea, órgano encargado de supervisar las acciones de los países miembros, el pasado 15 de septiembre dictaminó una sanción a Budapest con razón de violaciones a su Estado de derecho.


Esta sanción no es la primera que la UE ha aplicado debido a la oposición de Hungría y Polonia. En el año 2015, durante la crisis de los refugiados sirios, estos países decidieron cerrar sus fronteras y desentenderse del plan de acción colectiva que el resto de países miembros llevó a cabo. Otro punto de conflicto constante son las políticas que estos gobiernos ponen en práctica respecto al colectivo LGTBIQ+ y respecto a temas relacionados con la mujer como el aborto.


La pregunta es: ¿es posible que otros países se proclamen en rebeldía como el Bloque de Visegrado? Si analizamos los diferentes países y su situación política, son tres los países que destacan por encima del resto. El primer puesto lo ocupa Italia y su líder Giorgia Meloni. Es cierto que ha reculado de las premisas que estableció durante la campaña electoral, que hizo que muchos la vieran como euroescéptica. Sin embargo, a pesar de esos ideales, todavía no ha realizado ninguna acción reveladora contra la Unión Europea. En segundo lugar, tenemos a Francia y la principal opositora de Emmanuel Macron, Marine Le Pen, quien sí es una euroescéptica declarada, y cuenta con un apoyo más que notable en la sociedad francesa. Por último, tenemos a España y Vox, que aun siendo cierto que no son euroescépticos, comulgan y simpatizan con Orbán y Meloni, como se demostró en el Viva 22.


Giorgia Meloni. Fuente: Noticias24h

En todos estos países, ha ido aflorando y consolidándose una idea de democracia distinta a los cánones que se establecen en la Unión Europea, alertando a esta de una posible expansión de la regresión democrática. En definitiva, los países del Bloque de Visegrado suponen un problema para la UE, ya que esta se ve obligada a tomar medidas para mantener el orden dentro de la organización. Asimismo, es un hecho que esta ola de regresión en los valores democráticos se ha extendido a países tan importantes para la UE como lo son los mencionados en el párrafo anterior.


Finalmente surgen varias dudas que solo el tiempo podrá responder. ¿Se verá obligada la Unión Europea a expulsar a Hungría y Polonia? ¿Se convertirá la nación estado en un debate de la agenda política? ¿Hasta dónde llegarán los efectos de esta ola? ¿Cuáles serán las consecuencias a largo plazo?


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