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La Teoría del Valle Inquietante

Actualizado: 25 feb 2023

La incómoda sensación de la apariencia humana en los robots

Atent@ a las siguientes dos imágenes:



Si tuvieras que ordenarlas según el repelús que te provocan, ¿cómo lo harías? Probablemente has dicho que la primera te provoca ternura y la segunda te incomoda, ¿me equivoco? Te estarás preguntando: ¿por qué sucede esto? Pues bien, ha llegado el momento de descender por el Valle Inquietante.


En la siguiente imagen, vemos el gráfico que Masahiro Mori, profesor especializado en robótica, creó para dar explicación a su hipótesis, en la que según el parecido humano y la familiaridad, las personas tenemos una respuesta u otra hacia ese robot. Esta teoría contempla dos tipos de robots: estáticos y en movimiento. En ambos modelos, ocurre lo mismo. En cambio, en el caso de los robots en movimiento, esto se intensifica sorprendentemente, debido a que compartimos con ellos una característica: el movimiento, que es parte de estar vivo.


La gráfica del Valle Inquietante de Masahiro Mori. Fuente: Wikipedia

La propia gráfica tiene una serie de ejemplos. ¿Te apetece verlos? ¡Vamos! ¡Sígueme!


Lo que menos se parece a un humano y menos familiaridad tiene, es el robot industrial, por razones obvias. Nos resulta algo totalmente ajeno, una máquina que cumple una función, y ya. Tras ello tenemos a los robots humanoides y los peluches, que nos encantan. ¡Míralo! Justo a la izquierda de la primera imagen. ¿A quién no le parece adorable un pequeño robot con esos ojitos? Los siguientes van adquiriendo una apariencia cada vez más humana, pero que claramente tienen estética robot, no tratan de ser igual a nosotros.


Asimo, el robot humanoide. Fuente: ADEN

Hasta aquí todo bien, ¿verdad? Bueno… debo confesarte algo. Si quieres seguir… debes hacerlo solo. Toma esta linterna. Ya, ya sé que no quieres bajar por ahí, pero te aseguro que es algo digno de ver. Tú tranquil@, no te harán nada. ¿Que de quién hablo? No nada, es igual. Tú limítate a bajar.


Durante el descenso, miras a tu alrededor y ves algo parecido a intentos de seres humanos hechos de metal. Caras siniestras, con expresiones faciales irreales y formas de hablar espeluznantes. Bajas, bajas y sigues bajando. Empiezas a sudar, te tiemblan las manos. En cuanto llegas al fondo, ves algo que no eres capaz de mirar más de dos segundos. Unos seres que te recuerdan a cadáveres y muertos vivientes. Pegas un grito que hasta yo mismo he escuchado desde aquí. Lo único que te importa ahora mismo es correr. Correr y salir de ese infierno.


Robot inquietante. Fuente: Jot Down

Sigues recto y subes sin pensártelo. Por suerte, a cada paso que das, el ambiente es menos aterrorizante, incluso ves algunas personas. Te paras a hablar con una, pero tras compartir unas palabras, te das cuenta de que dentro de su cuerpo no hay más que engranajes y tornillos. Básicamente, acabas de toparte con un replicante. ¡Exacto! Como los de Blade Runner. Aunque esta vez no te hayan incomodado en absoluto, sientes el impulso de seguir subiendo, albergando la esperanza de encontrar a alguien igual a ti. Por fin llegas a la cumbre y… ¡sí! ¡un humano sano! Te sientas, te relajas y charlamos un rato juntos.


¡Uf! ¡Vaya viajecito! ¿Eh? Ya te dejo tranquil@, pero permíteme que te explique lo que acaba de ocurrir. El terrorífico camino que has cruzado solo tiene por nombre el Valle Inquietante. Ernst Jentsch y Sigmund Freud hablaron en 1906 y 1919, respectivamente, sobre lo inquietante en el campo de la psicología. Jentsch lo hizo en su libro Sobre la psicología de lo inquietante, y Freud en Lo inquietante.

Años más tarde, Masahiro Mori acuñó el término como Bukimi no Tani Genshō (不気味の谷現象) en 1970. Su hipótesis serviría como aviso para los desarrolladores de robots. Nueve años después, en 1979, Jasia Reichardt, crítica de arte, mencionaría todo lo teorizado hasta ahora sobre ello en su obra Robots: Fact, Fiction and Prediction, en la que mezcla lo referente al mundo de la psicología y al de la robótica.


Según Masahiro Mori, cuanto más parecido sea un robot a un humano, más empatía sentimos hacia él. Sin embargo, aunque al principio todo avanza bien, justo antes de llegar al parecido total con el ser humano, aparece el Valle Inquietante, la repugnancia a la que estamos acostumbrados, al ver un androide hiperrealista. Podríamos decir que aquí las réplicas antropomórficas se acercan en exceso a la apariencia y comportamiento de un ser humano real, entonces causan una respuesta de rechazo entre los observadores humanos.


En los últimos años, como resultado de los grandes avances tecnológicos, hemos podido ver ese tipo de androides que tanto nos repelen. Un ejemplo sería Sophia, androide que todos conocemos. Si recordamos aquel famoso vídeo en el que Will Smith charlaba y ligaba con ella, es difícil no estremecerse con los expresiones faciales y comportamientos del robot. Eso sí, el Valle Inquietante no solo concierne al ámbito de la robótica, sino también al de la creación audiovisual. Pero esto es otro tema sobre el que quizás me leáis dentro de no mucho, ¿quién sabe?




Para terminar, quisiera hacer una reflexión final sobre los robots. El ser humano es ambicioso, desde luego. No obstante, si sumamos la inteligencia artificial (IA) y el hecho de que nos acercamos exponencialmente a los robots hiperrealistas, me asaltan las siguientes preguntas: ¿Llegarán los robots a ser lo suficientemente inteligentes como para desarrollar su propia consciencia? ¿Acaso en un futuro seremos incapaces de distinguir a simple vista un humano de un robot?

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