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Las hojas caídas cuentan una historia

Actualizado: 30 oct 2022

Esta semana les atenienses nos metemos en el mundo de la narrativa ambiental describiendo las historias detrás de lugares

Empiezan los artículos semanales con las dinámicas que se llevan a cabo en Atenea, la asociación de literatura de la universidad. Esta semana nos hemos metido en el mundo de la narrativa ambiental, esto es, de saber crear narrativas tras lugares, el cómo han llegado a ser así, usos que se les han dado, etc.


Se ha proporcionado una lista de fotografías de lugares, tanto reales como de ficción, de entre los que les miembros han elegido la que más atención les haya llamado. Lo importante y difícil de la dinámica es saber como mantener el foco en el lugar, hacer de este el protagonista del relato. Y los ejemplos que os traemos aquí cumplen esto con creces.


El primer texto que os traemos, escrito por Gema Ceacero, se ha inspirado en el lago Hillier, narrando la historia de origen de este extraño accidente geográfico.


"Era una noche como nunca había habido otra igual. Quizás porque por primera vez habíamos dado el paso. Quizás porque ya no nos importaba nuestro pasado. Ni nuestro presente. Ya no le teníamos miedo al futuro siempre que los dos fuéramos solo uno.

'te voy a llevar a un sitio muy especial' habían sido tus palabras. A decir verdad, no sabía a qué te podrías referir. Llevaba toda la vida viviendo en el mismo lugar. ¿Qué podrías mostrarme que yo no conociera ya? Pero claro, contigo todo es una sorpresa. Claro que a donde acabásemos iba a ser una novedad.

'No quiero que veas de más' dijiste tapándome los ojos. Siempre te ha gustado jugar así conmigo. Ser tú quien lleva las riendas mientras yo, ahogado de amor, te dejo llevarlas.

Caminamos un buen rato por lo que creí ser el bosque. ¿El bosque? Pero si era justamente allí donde nos encontramos por primera vez. ¿Qué podríamos ver que no hubiéramos visto en todos nuestros paseos dados de la mano? La curiosidad me carcomía.

'Abre los ojos, mi amor' y volví a enfocar mi mirada, Era un lago de agua clara, bañado por la luz de la luna y unas velas perfumadas.

'¿Te gusta?'

'Me encantas'

Primero un abrazo agradecido, seguido por un beso tímido que empezó a tomar valentía. Subió la temperatura y nos refrescamos en las aguas. De banda sonora, nuestras risas. Unas que acabaron antes de ser carcajadas.

'¡Allí están! ¡Atrapadles!' se oyó de fondo. Cada vez menos lejos y más amenazante el sonido del paso de los hombres nos alcanzaba. No dio tiempo. Ni a salir del agua, ni a vestirnos, ni a huir. No se puede comer más que una bala de plata. La sangre que con gusto tomaste de mi y que con todo mi cariño te ofrecí se esparcía a nuestro alrededor.

Las aguas cristalinas se tornaron rosas. Rosas como las flores que me regalabas al caer la noche. Rosas como el color de mis mejillas la primera vez que me tomaste. El lago ya no era bonito, era una cárcel. Y yo, loco de amor y viudo, decidí hundirme en él. 'Ha muerto el vampiro'. No, ha muerto mi amor, mi cariño, mi corazón.

Te convertiste en polvo y te llevó el viento. Yo decidí acabar en el rosa de tus besos. Caí al fondo aunque tú me habías llevado al cielo. Quedó un lago rosa, una noche estrellada y una vela perfumada a punto de dejar morir su última llamarada."


Lago Hiller, en Australia Occidental. Fuente: gloholiday.com

El segundo texto viene por cortesía de Hylian y esta inspirado por una fotografía de Leyndell, del videojuego Elden Ring.


"Todavía recuerdo mi primer peregrinaje a Leyndell, hace ya varios siglos. He viajado por todo el mundo, desde Caelid hasta Nokron, pero estas tierras siempre han desprendido un aura única. Las almas sólo aparecen cuando vienes hasta aquí. Al igual que Kael me contó a mi, y a ella le contaron sus ancestros, te relataré la historia de estas tierras.


Eran tiempos de dioses cuando Leyndell estaba en su esplendor. La ciudad era un paraíso de mármoles y vidrieras, decorada por las más hermosas gemas. Las mentes más ilustres del continente habitaban allí, compitiendo entre elles por hacer el siguiente avance. Artistas y magos compartían talleres, que esperaban en cada esquina de la ciudad. Era el siglo de oro, y sus habitantes lo sabían.

En esa época, a pocos días del festival del equinoccio, apareció una semilla en el corazón de la ciudad. Un pequeño árbol nunca antes visto crecía en Leyndell. Les estudioses fueron les primeres en ir a verlo, ansioses por descubrir sus secretos. Ningune de les presentes había visto un árbol como aquel.

El tallo, o lo que supusieron que era el tallo, era blanco argentino. Las tímidas hojas que se podían ver brillaban doradas, buscando competir con las estrellas. En el continente había cientos de especies autóctonas, pero ninguna como aquella: este árbol era iridiscente; estaba tejido por haces de luz.


Aquel año el festival brilló más que nunca. Su afluencia no podía haber sido mayor, puesto que habitantes de todas las regiones fueron a contemplar aquel milagro. Las creaciones y espectáculos se alzaron al nivel de la multitud, envueltas en la magia dorada del árbol. Fue desde entonces que se conoció a Leyndell como la ciudad dorada.

Los años fueron pasando y la ciudad seguía ferviente, siempre creciendo, siempre cambiando. El árbol crecía con ella, llegando con los siglos a rozar el firmamento. Se dice que por las noches no hacían falta faroles en Leyndell, puesto que la copa del árbol iluminaba toda la ciudad.


No hay registros de qué pasó en los últimos años de Leyndell. Hay quienes creen que la codicia fue apareciendo ladina y se integró en las élites, corrompiendo poco a poco la ciudad y robando su brillo. Hay otres que hablan de una catástrofe mágica debida a la arrogancia de un mago soberbio.

La verdad reside todavía en la ciudad, bajo el ala de Nith. Este dragón, que lleva cuidando de Leyndell desde su primera visita, ofreció a sus habitantes una decisión: o bien podían seguir creciendo como lo habían hecho hasta el momento, dejando que la vida del árbol siguiera su curso natural, o bien podían pausarlo. Esta segunda opción evitaría que se marchitase, congelando el tiempo de la ciudad y sus alrededores.

La decisión que se tomó permitió que la ciudad conservase su luz dorada, y a día de hoy se ve a sus habitantes, almas errantes en sus calles congeladas en el viejo esplendor."



Leyndell, del videojuego Elden Ring. Fuente: top-mmo.fr

Como siempre, recordar que Atenea lleva a cabo estas reuniones los jueves a las 18. Si esto os interesa, no dudéis en pasaros, sois más que bienvenidos. Para más actualizaciones, textos e información sobre la asociación, visitad nuestras redes sociales. ¡Nos leemos la semana que viene!


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