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"Lavender vote" y homonacionalismo: ¿qué votan las personas del colectivo LGTBI+?

La sexualidad tiene un impacto significativo en el comportamiento político y según estudios recientes, se traduce en una "brecha de sexualidad" sustancial entre la izquierda y la derecha

El índice ILGA-Europe Rainbow Map califica cada año a los países en función de las políticas y leyes que dedican al colectivo LGTBI+. España se encuentra entre los diez primeros de la lista, si bien su puntuación deja todavía bastante margen de mejora (siendo de 64'59 puntos sobre 100).


"Rainbow Europe Map". Fuente: ILGA-Europe.

No obstante, los datos muestran que la situación general está estancada, porque ningún país ha avanzado en materia de paternidad o asociación respecto a los años anteriores. Además, actualmente solo 29 países de 49 han legislado sobre la protección contra los delitos de odio basados en la orientación sexual, y la cifra es todavía menor para los casos de protección contra la violencia basada en la identidad de género.


Sin embargo, en cuanto a las preferencias políticas del colectivo, hasta hace relativamente poco no había apenas estudios especializados. La política gay había entrado en la literatura en forma de leyes legislativas o judiciales, análisis de políticas públicas, investigaciones centradas en el impacto de los movimientos sociales... Pero salvo contadas excepciones, la influencia de la sexualidad en el comportamiento electoral continuaba estando bastante subestimada.


Pero la realización de estos estudios comporta ciertos problemas sistemáticos que vuelven todavía más complicada su elaboración: teóricamente, no resulta sencillo conceptualizar quiénes pertenecen exactamente al colectivo objeto de estudio; y metodológicamente, es difícil identificar y observar a los sujetos. Aunque estas personas cuentan cada vez con mayor visibilidad y presencia en la esfera pública, declararse abiertamente no heterosexual correlaciona con renta y estudios (esto es, en los entornos más vulnerables es más improbable "salir del armario").


A diferencia de los países europeos, en los Estados Unidos sí se incluyen preguntas directas sobre la orientación sexual en las encuestas de los estudios electorales, lo cual ha favorecido su consolidación como pioneros en la evaluación del efecto moldeador de la sexualidad en la ideología de los votantes.


The Lavender Vote, de Mark Hertzog (1996), constituye el análisis más completo del asunto y desarrolla el concepto lavender vote (también conocido como pink vote), basándose en encuestas realizadas a la población estadounidense, en referencia a la tendencia de las personas LGTBI+ a votar a candidatos demócratas o liberales y apoyar posiciones favorables al bienestar y a la inmigración.


Porcentaje de voto del colectivo LGBTI+ a los candidatos demócratas y republicanos en las "midterms" estadounidenses. Fuente: NBC News.

Esto se explica, en primer lugar, porque crecer como persona no heterosexual suele conllevar experiencias de marginación o discriminación institucional, lo que genera un cambio en las afecciones políticas personales porque se es más consciente de las dificultades que plantea el sistema de cara a las minorías y los grupos oprimidos. En segundo lugar, con el objetivo de maximizar los beneficios políticos que pueden llegar a obtener, el colectivo tiende a expresar su elección de voto conjuntamente (a través de la identidad de grupo y las quejas comunes).


Ahora bien, ¿es este estudio norteamericano trasladable a Europa? Siguiendo el mismo planteamiento, los ciudadanos LGTBI+ europeos también han sido víctimas de la hegemonía heterosexual, el ostracismo social y la violencia a lo largo de la historia. Por otra parte, en aquellos países donde se legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo la legislación fue impulsada por partidos socialdemócratas o gobiernos de coalición con presencia de la izquierda (salvo en Suecia y Reino Unido).


A pesar de que esto no implica que los partidos de centroderecha sean necesariamente anti-homosexuales, sí que es cierto que suelen coincidir con campañas políticas que se oponen a sus derechos y con fuertes componentes religiosos. Por lo tanto, los resultados muestran que los votantes LGTBI+ no son solo más propensos a apoyar a los partidos de izquierda, sino que además suelen apoyar sus objetivos políticos tradicionales.


Pero el espacio político europeo no se resume en un simple eje izquierda-derecha. Actualmente, los partidos se distribuyen también en un eje GAL-TAN que divide, por una parte, las visiones alternativas, libertarias y "verdes"; y por otra las orientaciones tradicionales, autoritarias y nacionalistas. En España se da un solapamiento de ambos ejes, no siendo siempre así en los demás países. De cualquier forma, el lavender vote funciona de nuevo como un sesgo que inclina a la población LGTBI+ hacia los partidos verdes y socialmente liberales.


Hacia el año 2017 comenzó a surgir la excepción que confirma la regla y se identificó un patrón de voto prácticamente contrario al descrito, siendo el fenómeno acuñado como "homonacionalismo". En algunos países, el electorado LGTBI+ viró hacia posturas de extrema derecha, anteponiendo el elemento de seguridad a los avances sociales. Esto se debe a que los partidos de ultraderecha propagaron el miedo a los "invasores foráneos disruptivos".


Una marcha del orgullo organizada en Jerusalén, con el objetivo de mostrarse "una zona pro-LGTBI+ en medio de Oriente". Fuente: EFE.

Es el caso de líderes como Marine Le Pen, que buscan tejer alianzas con las minorías apelando a la supuesta homofobia de los extranjeros (especialmente las personas musulmanas). Así, tratan de justificar sus posiciones racistas y xenófobas bajo el pretexto de que la sociedad occidental es completamente igualitaria pero el resto del mundo no, y la comunidad LGBTI+ debe defenderse ante ellos.


Consecuentemente, y debido además a la falta de datos, todavía no está claro un determinante específico que pueda explicar sus patrones de comportamiento electoral de forma absoluta. Es necesario que el colectivo reciba una mayor atención para poder desarrollar mejor esta línea de investigación y, sobre todo, para que los partidos puedan ser más conscientes de sus necesidades específicas y llevar a cabo políticas para mejorar su situación social.

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