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¿Quién osará desafiar la hegemonía rusa y americana?

Actualizado: 21 dic 2022

Turquía: el salto de ser un poderoso jugador en el tablero geopolítico de Oriente Medio a la gloria mundial

Ante esta cuestión, se viene a la cabeza potencias como China o la Unión Europea. Sin embargo, pocos serán los que piensen en Turquía. La nación otomana ha puesto en jaque todos los radares mediáticos a causa de la intransigencia mostrada ante los intereses de las superpotencias y el surgimiento de una postura dura y recta que busca restablecer su honor e influencia mundial. En definitiva, este viejo imperio cuenta con una serie de planes y estrategias.


Imagen de la Mezquita de Ortaköy (Estambul). Fuente: Unsplash

Primeramente, su creciente influencia en el plano occidental. Desde 2016, el país dirigido por Erdoğan se ha convertido en un límite fronterizo financiado por la UE y del que depende Europa para evitar nuevas crisis migratorias. En la actualidad, Turquía se ha convertido en el único responsable de la incertidumbre que rodea la anexión de Suecia y Finlandia a la OTAN, pendiendo esta de un hilo. Todo esto a causa de su inicial negativa y capacidad de veto, al tratarse de una decisión que debe ser unánime. Esta disyuntiva se presenta en un contexto de orden mundial cambiante y en el cual EEUU está más falto de aliados que nunca. Asimismo, estas potencias nórdicas son de suma relevancia para el tío Sam, debido a su proximidad a Rusia y su músculo económico.


Por otra parte, la nación otomana ha protagonizado la escena mundial con su rol como mediador en el conflicto entre Ucrania y Rusia. Bien es cierto que a primera vista se podría tratar de un noble gesto, pero resulta innegable ver cómo Turquía ha ganado mucha influencia en el mar Negro. Puesto que son ellos quienes regulan y permiten el paso del grano a través de acuerdos que han acabado paliando en cierto grado la situación de países muy dependientes de las exportaciones agrícolas ucranianas, como son los países norafricanos. Pero la capacidad de controlar el grano no se queda aquí, pues según sugieren algunos expertos economistas, esto podría ayudar a los países occidentales también a reducir los aumentos de la inflación y así dar un respiro a sus economías. Es decir, Turquía ha escalado de manera exponencial en cuanto a protagonismo se refiere dentro del bloque occidental.


Ahora hablaremos de las recientes estrategias del país de la luna creciente en lo tocante a su área de influencia actual fuera de Europa. Esta nación ha mejorado sus relaciones con socios de máximo nivel en sus respectivas regiones como son Egipto e Israel. Por otro lado, Ankara se ha convertido en un centro de negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, dotándoles de una neutralidad estratégica de primer nivel. Otro flanco que ha potenciado esta región ha sido su presencia en el norte del continente africano, lo que le está beneficiando para convertirse en el rey del Mediterráneo. Se hace necesario recordar que Turquía fue uno de los fundadores de la OTAN, no obstante, es muy amigo de Rusia. Como ya se puede apreciar, esta república goza de buenas relaciones con los dos bloques hegemónicos lo que deja frío al resto. Sin embargo, ellos tienen otro plan y es alzarse como un protagonista en la escena geopolítica. Acciones como no permitir el paso de barcos rusos el pasado 8 de noviembre al mar Negro para descargar en Ucrania lo demuestran.


Bandera turca, rusa y americana. Fuente: CGTN

En esa misma línea siguen tensionando las relaciones con Estados Unidos, puesto que buscan volver a invadir Siria, a pesar de la férrea oposición de su aliado occidental. En gran medida el choque turco americano lo protagoniza el perseguimiento de Erdoğan a la PYD e YPG, culpando a la administración Biden de apoyarlas, bajo la justificación de la ocupación de grandes territorios en la frontera siria por parte de estas agrupaciones kurdas. Teniendo en cuenta la peligrosidad a la que puede escalar el conflicto, los americanos deberán actuar con mucha cautela; cualquier acción que pueda ser calificada como despropósito por el ejecutivo otomano puede suponer el fin de la candidatura de los países nórdicos a la OTAN.


Su relevancia no solo se limita al plano estratégico: Ankara es uno de los grandes exportadores de tecnología militar del mundo. Este marco armamentístico fue iniciado tras el embargo sobre las ventas de armas impuesto por Estados Unidos como respuesta a la invasión de Chipre. En cosa de escasas décadas han instaurado una política de tecnología militar de lo más vanguardista y liderada por la nueva generación de TF-X Y drones Bayraktar TB2. Todos estos avances responden a un símbolo de fuerza y excelencia internacional. Mismamente, dentro de esos términos de fuerza encajaría la posesión de en torno a 50 bombas nucleares de pertenencia americana.


Imagen del concepto TF-X. Fuente: Industry Handout

Como joya de la corona se ha comenzado a preparar un nuevo gasoducto entre Rusia y Turquía. Este proyecto atravesará el Mar Negro y se extenderá por 900 km abasteciendo a Turquía de gas en una situación que deja entrever la importancia de este. El megaproyecto supondrá un 58,77% del consumo anual y podrá ser empleado para comerciar con países del sudeste europeo.

En definitiva, Turquía tiene condiciones más que notorias para convertirse en una gran potencia y en un auténtico quebradero de cabeza para las potencias establecidas. Tiene mucho margen de maniobra en la arena geopolítica y ahora lo único que nos queda es ver como aprovechan esta ocasión en la que parecen tener la sartén por el mango.

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