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Review de Babylon

Damien Chazelle nos trae su película más ambiciosa hasta la fecha, explorando una vez más el precio de los sueños

Aviso: esta review contiene la sinopsis de Babylon (2022), un comentario sobre sus temas principales y una opinión subjetiva sobre su final, pero sin llegar a revelarlo.


Babylon es la obra más reciente de Damien Chazelle, el director y escritor de Whiplash (2014) y La La Land (2016), y continúa la línea temática de estas dos películas anteriores, el precio de los sueños en el mundo del arte y el espectáculo. Whiplash se centra en la música, La La Land encuentra un equilibrio entre la música y la actuación, y en Babylon, la balanza se decanta finalmente por el cine.


Póster de Babylon. Fuente: Filmaffinity

La cinta cuenta la historia de Jack Conrad (Brad Pitt), un actor veterano en busca del progreso, Nellie LaRoy (Margot Robbie), una joven actriz de actitud salvaje y llena de ambición, y Manuel Torres (Diego Calva), un amante de las películas que quiere ser parte de algo más grande que él. Ambientada en el Hollywood de los años 20, y más concretamente, en la transición del cine mudo al sonoro, Babylon nos muestra la decadencia moral y el exceso de la industria cinematográfica de la época. En definitiva, la oscura sombra que crea el cegador brillo de las estrellas hollywoodienses. La obra es una comedia, y una muy graciosa, que vacila entre lo absurdo y lo oscuro, pero se permite tener momentos de romance, acción trepidante, e, incluso, una secuencia de puro terror. Porque, a veces, los sueños son realmente pesadillas.


Babylon es una carta de amor al medio, reconociendo lo imperfectas que son las personas responsables de darle vida a la pantalla. Sin embargo, trata a esos personajes con empatía y cariño, y uno que se nota en la propia realización. El apartado visual de Babylon es impresionante, creando imágenes que se quedan en la mente, ya sean más personales e íntimas, obscenas y absurdas, o de magnitud atrapante. Babylon es una película tan ambiciosa como sus protagonistas, de gran escala, lo cual explica su duración, unas apabullantes tres horas. La extensión, sin embargo, fluye sin aburrir, gracias a una edición rápida y caótica, pero no lo suficiente como para que el ojo no pueda seguirla y resulte en confusión.


Damien Chazelle, director de Babylon. Fuente: Applesfera

Las actuaciones son otro aspecto que mencionar, mas no todo es de la misma calidad. Diego Calva interpreta a un Manuel curioso y pasional. Sin embargo, con el paso de la cinta, algunos momentos del personaje no parecen tan auténticos, y Calva falla en las explosiones de grandes emociones, si bien acierta en los momentos sutiles. Quien domina las explosiones en la película es Margot Robbie. Nellie es un personaje exagerado, del que no puedes apartar la mirada. Es intensa y Robbie consigue expresarlo al completo, pero su escritura se hace algo simple y repetitiva. Brad Pitt es quien se corona en esta película. Jack está escrito para él, e interpreta a esta estrella experimentada con una habilidad y compresión que solo puede dar el haber vivido algo así, el sentir que se acerca el final de tu fama. Afortunadamente, parece que tenemos Brad Pitt para rato, y tal vez, en su mejor forma.


Por último, los dos aspectos más destacables de Babylon son su música y su final. La banda sonora, compuesta por Justin Hurwitz, quien ha trabajado con Chazelle en todas sus películas, es el bloque fundamental sobre el que se construye la cinta: combina lo caótico y rápido de la edición con la magnitud de las imágenes y las intensas emociones de sus personajes. Construye un jazz frenético a partir de los sonidos de hace un siglo y sensibilidades nuevas y modernas. La música está muy presente en la propia historia, interpretada en ocasiones por bandas diegéticas, especialmente en las escenas de grabación (sí, el cine clásico ponía a los músicos al lado de los actores) y de fiestas llenas de puro desenfreno. También amplifica los momentos más pausados y las emociones más sutiles. En resumen, hace lo que toda buena banda sonora debe hacer, complementar a las imágenes, y lo hace, especialmente, con el final.


Damien Chazelle ha comentado en más de una ocasión que le gusta que sus finales sean “cine puro”. Él lo define como imágenes y música que casen perfectamente, sin diálogo, y que consigan la atención total de la audiencia, para así trasmitir sin barreras todas las emociones e ideas intelectuales que la narrativa crea. Es decir, hacer solo lo que el cine puede hacer. Whiplash y La La Land terminan con secuencias de “cine puro”, y Babylon no es una excepción. De hecho, es lo más puro que el director ha hecho jamás. El final es seguramente lo más ambicioso de toda la película, y no dejará indiferente a nadie. A mí, personalmente, me llenó de alegría, ya que estaba contemplando una decisión valiente de un director atrevido, y eso, que ya lo considero muy valioso, lo fue más aun porque me pareció la decisión correcta.


Detrás de las cámaras. Fuente: MAXBLIZZ

Babylon acaba siendo una meta-película, una película sobre películas, y sobre el amor hacia ellas. No es para todo el mundo, porque, aunque está bien hecha, su temática y su duración pueden echar para atrás, y con razón. Pero, si os gusta el cine (intentando no sonar elitista), darle una oportunidad puede merecer mucho la pena. La podéis encontrar en cines, y, sin duda, se merece la gran pantalla.

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