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Sin derecho a opinión

Los tiempos de polarización en España hacen que hasta el derecho a opinar sea discutible


El artículo 20 de la Constitución Española dice: "Se reconocen y protegen los derechos: A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. (...)" A lo que algunos añadirían: "subordinado al partido que votaste en las anteriores elecciones".



Ilustración sobre la polarización. Fuente: Nexos (Alberto Caudillo)

¿Es culpa de los políticos la polarización que se vive en España o es el reflejo de lo que previamente ha sucedido en la calle? Esta es la eterna pregunta que muchos nos hacemos hoy en día y para la que no parece haber una respuesta clara. Es evidente que la polarización política vivida en el parlamento no se ve reflejada cuando uno acude a comprar. Se puede ver a un cajero que vote a Vox atendiendo de la mejor manera posible a una señora que votó a Sumar en las últimas elecciones, como también lo es que esta situación cambia ligeramente cuando uno baja al subsuelo que supone entrar en las redes sociales. El ambiente en Twitter -ahora X- es muy diferente al que puede verse en el citado ejemplo de la tienda, y en esta red social el reencuentro entre quien piensa distinto parece una auténtica utopía. Afortunadamente, en este caso, la vida no es solamente Twitter.


Pero, aunque la vida no sea Twitter, la red social es parte de ella y allí conviven y opinan exactamente la misma gente que uno ve por la calle; exactamente la misma gente que se trata con cordialidad en el supermercado, pero que aquí se bloquearían tras un acalorado intercambio de mensajes.


Si bien esta red social siempre ha sido el epicentro de la polarización política -si lo es en EEUU, no iba ser menos en Europa, obsesionada con imitar a los norteamericanos en vicios y virtudes-, hay algo que llama soberanamente la atención. Es normal la polarización en temas candentes -siempre la ha habido en torno a temas como el aborto, la eutanasia o la gestación subrogada-, pero se ha llegado al punto de abandonar consensos tan claros como el derecho de opinión. O, al menos, supeditado a la variable: lo que hayas votado en las últimas elecciones.



Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo. Fuente: El Independiente

Así, uno puede encontrarse en la red social a "guardianes de la esencia de la pureza izquierdista", asegurando que aquellos que apoyaron a Ayuso el pasado mes de mayo deberían no ser atendidos cuando acudan a un hospital público u obligados a vivir con el SMI (Salario Mínimo Interprofesional) que había en 2017. Han guardado tan bien la esencia de valores como la igualdad, atención al necesitado con independencia de sus circunstancias o redistribución de la riqueza, que ellos mismos parecen haberlas perdido.


Esta premisa solo se sostiene o bien creyendo que solo se debe ayudar a los que compartan tus dogmas o que representar a "los de abajo" equivale a asumirlos como un grupo homogéneo que piensan y votan como tú. Ambos, presupuestos peligrosos y muy alejados de lo que un partido de izquierdas -con todo lo que esto significa- debería aspirar a representar: olvidar a los que lo necesitan por lo que votan o vivir alejado de la realidad de la calle.


Tampoco se evita esta polarización al otro lado del espectro. Como respuesta a los 'tweets' que militantes del PSOE han puesto estos días manifestando su desacuerdo con la amnistía propuesta por Pedro Sánchez a los independentistas catalanes, encontramos usuarios autoproclamados "salvadores de la patria española" -como si se tratase ello de un concepto tangible que necesitase ser rescatado- calificándolos como poco menos de cómplices de un intento de golpe de estado, y que no pueden demostrar discordancia ninguna por militar donde militan. Críticos de lo que denominan como "pensamiento único" imponiendo uno a ajenos.


En este grupo, uno puede encontrar a usuarios criticando firmemente que se sostenga que negar la existencia de las personas transexuales o creer que existen razas superiores a otras no es -en sentido estricto- libertad de expresión, al mismo tiempo que defienden que votar o militar en el PSOE te lleva inequívocamente a estar a favor de todo lo que propone y dice Pedro Sánchez.


Si no aceptamos que puede haber divergencias en cualquier tema -incluso entre gente de una misma organización política-, si no asumimos que las personas son personas y no la personificación del partido al que votaron, si obviamos que los partidos en muchas ocasiones hacen cosas con las que no concuerdan ni sus propios votantes, ¿qué nos queda? ¿Qué libertad queda si nos (auto)censuramos la libertad de opinión?

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