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"Sintiéndolo mucho": Sabina y sus poemas en la gran pantalla

La nueva película-documental de Fernando León de Aranoa muestra el lado más personal del cantautor Joaquín Sabina

La vida de un artista es en muchas ocasiones un secreto recóndito que sus seguidores no conocen. Sus frustraciones, sus mayores miedos, y también los pensamientos que rondan su cabeza parecen ser eclipsados por el tumulto de canciones que definen su persona. Sin embargo, la nueva película-documental de Fernando León de Aranoa, ganador de diez premios Goya y director del reciente éxito del cine español El Buen patrón, trata de romper este estigma tan dañino y extendido.


Y es que durante los últimos trece años, el reconocido director se ha infiltrado en el día a día de uno de los cantautores más importantes de la historia de la música en español, el jienense Joaquín Sabina. De esta forma, nos presenta en la gran pantalla Sintiéndolo Mucho, un formato de película nada común, premeditado desde la más pura llaneza y lejos de cualquier aire de sensacionalismo. Condensa un conjunto de encuentros basados en la amistad junto al cantante y compositor en dos horas de cinta excelente a ratos que calan en el espectador.


Sabina, Aranoa y Leiva en el festival de San Sebastián. Fuente: Cadena Ser

El documental recoge numerosos momentos de la vida de Sabina; la famosa caída en el WiZink Center con la que dejó helado a toda España, sus aventuras latinoamericanas en las que queda enamorado de sus gentes y ciertos toques de su gélida infancia en Úbeda, un pueblo andaluz de la provincia de Jaén. Todo ello acompañado de una reflexión constante sobre el poder de la canción y su componente poética, cada vez más difuminada en los tiempos que vivimos.


Cuenta Sabina frente a la cámara de Aranoa que su guion de vida nunca fue el de recorrer el mundo como cantante de éxito, ni siquiera pensó en dedicarse a la música. De hecho, su primera proyección de vida tan solo pasaba por permanecer en su pueblo natal como profesor de literatura y, quizá llegar a escribir una novela de esas que a pesar de no tener éxito, cuentan con una buena crítica a posteriori. Esas eran quizá las aspiraciones de un niño que vino al mundo en medio de la dictadura franquista, donde lejos quedaba la idea de cantar sobre los pensamientos de uno mismo.


Joaquín Sabina en la estación de Úbeda. Fuente: El Español

La cinta discurre a su vez por numerosos encuentros con su público. Buenos Aires, Ciudad de México o Madrid son algunas de las paradas en las que vemos al artista en esa hora previa al espectáculo que tanto condena. Esa visita al baño para vomitar la presión del recinto, los nervios en el backstage, una última pasada en soledad de aquella canción. Mil instantes que además, suelen ser acompañados por el alcohol y el tabaco, verdugos silenciosos del artista durante toda su trayectoria.


Su vida, como la de muchos otros cantautores de referencia (Joan Manuel Serrat, Antonio Vega...) pasa además por el contraste de unos años marcados por la transición española y coetáneos al bandazo artístico que supusieron movimientos como la "movida madrileña" frente a la entrada del nuevo siglo y el comienzo de su lenta pero visible vejez. El propio Sabina cuenta como solía acudir a los conciertos sin apenas dormir, a veces con cinco minutos de antelación. Ahora, sin embargo, el ritual toma más prudencia y orden.


Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat en el WiZink Center de Madrid. Fuente: La Sexta

La cinta se ralentiza sin embargo durante casi veinte minutos dedicados al toreo y la pasión del cantante por esta actividad que tan criticada hoy en día y que desaparece progresivamente. Un inciso innecesario en el documental, que muestra imágenes de una tonalidad extremadamente desagradable en lo que al maltrato animal se refiere. También se habla ligeramente de política, un terreno en el que Sabina parece encontrarse contradicho teniendo en cuenta sus raíces de carácter progresistas y su pasado en el exilio.


Se podrán sacar mil defectos más al filme y a su protagonista, quizá haya temas que no son tratados u otros que se echan de más, pero en su conjunto se consagra como un reflejo sincero de lo que pasa por la cabeza de un artista de éxito como Sabina. Es necesario fijar el plano que enfoca ese bombín negro y que, como él mismo indica, separa la persona de su arte. Un arte sumergido en la belleza del verso, en los sentimientos de cualquiera, en la inspiración que nos regaló temas como ¿Quién me ha robado el mes de abril?, Y nos dieron las Diez o 19 días y 500 noches.


Sabina en Londres en 1975. Fuente: El País

Y es que fuera del plano personal, el documental aporta razones para valorar a Sabina por su magnífico trabajo de vida, el conjunto de canciones que han pasado ya a formar parte de la propiedad popular de cualquier hispanohablante. Se cierra de hecho la película con esa última composición que reabre el repertorio del andaluz tras varios años de sequía marcados por la pandemia. Junto con el cantante y compositor Leiva, ambos graban la banda sonora del filme mientras él aún pervive, símbolo claro del casualismo que pretende internar Aranoa durante las dos horas de proyección.


A lo largo del filme se lanzan al aire muchas preguntas, pero hay una que lo marca por completo, esa con la que Aranoa trata de cerrar narrativamente la película. ¿Conseguirá Sabina escribir "la canción mas hermosa del mundo"? Quizá una tarea complicada, pero nada es imposible para el maestro del verso. Sus poemas lo demuestran.

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