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Somaliland: el país fantasma

A pesar de contar con su propia constitución, gobierno, divisa y más de 30 años de independencia, ningún otro país del mundo ha reconocido a este Estado situado en el Cuerno de África. Pero, ¿cómo es esto posible?


El nombre de Somaliland puede sonar a cuento, un país fruto de la imaginación infantil donde todos los sueños pueden convertirse en realidad. Nada más lejos de la verdad, Somaliland existe, sí, pero dista mucho de ser el país utópico que la cabeza de un niño podría albergar.


Situado en el Cuerno de África y rodeado por Somalia, Etiopía y Djibouti, este Estado cuenta con una extensión geográfica del mismo tamaño que Inglaterra, una población de 3,5 millones de personas y un PIB nominal aproximado de 3,38 mil millones de dólares. Sin embargo, ¿cuándo surgió Somaliland y qué lo hace tan especial?


Mapa de Somaliland. Fuente: BBC

Para responder a lo anterior se hace necesario remontarse a más de un siglo y medio atrás, a pleno apogeo colonialista de las potencias europeas. Inglaterra, metrópoli administradora de un gran número de territorios, estableció un protectorado en la actual Somaliland a finales del siglo XIX con el objetivo de proveer de suministros a su base en Adén (Yemen). Por otra parte, Italia ocupó Somalia y otras zonas de la región como Etiopía o Eritrea, creando de este modo la denominada África Oriental Italiana.


La colonización no hizo sino dibujar unas fronteras irreales entre distintos territorios, sin tener en cuenta las particularidades étnicas, culturales o religiosas de cada región, lo que daría lugar a graves problemas sociales a posteriori.


Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido tomó el control de las posesiones italianas del Cuerno de África, anexionando así los distintos territorios que lo componían. Finalmente, tras el mandato de la ONU de descolonización, Gran Bretaña abandonó Somaliland el 26 de junio de 1960, la cual decidió unirse con la también recién creada República de Somalia cuatro días después de su independencia.


Es en este punto cuando nos podríamos preguntar lo siguiente: si Somaliland decidió incorporarse a Somalia, ¿por qué buscó la independencia desde prácticamente los primeros años?


No podemos entender la historia de la región sin la figura de Siad Barre, presidente o, mejor dicho, dictador, de la República de Somalia desde 1969 hasta 1991. Su derrocamiento y posterior exilio estuvo marcado por una cruenta guerra civil que devastaría el país y cuyas consecuencias siguen estando latentes aún a día de hoy.



Soldado somalí frente a un edificio bombardeado. Fuente: El Espectador

La unión entre ambos territorios era más ficticia que real, puesto que estaban habitados por grupos étnicos diversos que no compartían costumbres entre sí. De este modo, la dictadura de Siad Barre no hizo sino acentuar las diferencias, con privilegios otorgados a los clanes del sur, una desastrosa guerra contra Etiopía y el establecimiento de un régimen socialista que provocó un fuerte declive de la economía.


Con el estallido de la conflictividad en los años 80, el Movimiento Nacional Somalí (SNM) inició una guerrilla que terminaría con el exilio de Barre en el 91, momento en el que Somaliland decide independizarse tras treinta años junto a un compañero que le había traído más problemas que alegrías.


Sin embargo, la situación del recién independizado país distaba mucho de ser la ideal para iniciar la construcción de un Estado. Con la mayor parte de las ciudades destruidas debido a los bombardeos sufridos durante la guerra, una economía precaria y sin el reconocimiento de ningún país extranjero, ¿cómo iba Somaliland a reconstruirse?


Pero de sueños vive el hombre, y es que, a pesar de que la comunidad internacional se negara a reconocer la creación del país debido a que el establecimiento de un nuevo Estado supondría abrir la veda al debate de redibujar todas las fronteras coloniales, Somaliland inició el camino que le llevaría a la actualidad.


Marcha celebrando la independencia de Somaliland. Fuente: AllAfrica

La presencia de un clan mayoritario en gran parte de todo el territorio y el sentimiento de reconciliación armonizó el periodo de transición. En este tiempo, se pasó de contar con más de 50.000 guerrilleros armados que habían participado en el conflicto, a aprobar una constitución mediante referéndum popular en 2001. Este estableció un sistema democrático que ha funcionado con éxito desde entonces, caracterizado por una mayor estabilidad que la que poseen sus estados vecinos.


Las particularidades de este país son muchas. La presencia de un Estado híbrido que alterna factores de las democracias occidentales con la preservación de la tradición local, hace de él un territorio único en el mundo. Sin embargo, la falta de reconocimiento internacional supone un grave problema para el desarrollo económico de la región debido a la falta de inversiones extranjeras. ¿Llegará el día en el que Somaliland sea finalmente aceptado en el club mundial o seguirá siendo un país fantasma?

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