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‘Sound of Freedom’ no es ficción

'Sound of Freedom' es un filme dirigido por el mexicano, Alejandro Monteverde, en el que se adapta la historia real de un ex agente de la Seguridad Nacional de los EEUU que se dedicó a desmantelar redes de tráfico sexual infantil e, incluso, llegó a dejar su trabajo para fundar una ONG que ayudase a estos menores


El pasado miércoles 8 de mayo, el presidente estadounidense Joe Biden firmó una ley que protege a los menores del abuso y explotación sexual en Internet. La medida, aceptada en el Congreso por unanimidad, multará a todas las plataformas que no denuncien y retiren este tipo de contenido. Además, también les obliga a guardar los vídeos durante más tiempo, para poder ser utilizados como prueba por los investigadores.

Precisamente, la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, por sus siglas en inglés) es la encargada de desmantelar redes que participen en la explotación infantil de EEUU. En la actualidad, cuenta con despachos en 225 ciudades y 80 despachos repartidos por 53 países diferentes. En el año 2020, consiguió arrestar a 3000 personas por delitos contra niños, incluyendo la producción y distribución de material de abuso sexual infantil en línea, turismo sexual infantil y tráfico sexual de niños. Además, consiguió rescatar a más de 1000 víctimas.

Esta realidad está cuidadosamente reflejada en la película Sound of Freedom [‘El sonido del Silencio’], en la que, a través de la historia real de Tim Ballard (interpretado por Jim Caviezel), consigue introducir al espectador en una enrevesada trama de tráfico sexual infantil. El filme, que llegó a la gran pantalla gracias al director mexicano Alejandro Monteverde, refleja la realidad por la que más de 17.000 familias, solamente en Estados Unidos, se han visto obligadas a vivir. (Datos del National Center for Missing & Exploited Children para el año 2020).

¿Cuál es la historia real?

En el año 2013, la ex reina de belleza, Kelly Johana Suárez, le ofrece a Roberto Aguilar, un padre pobre de Tegucigalpa (Honduras), un contrato de modelaje para sus dos hijos pequeños, Rocío y Miguel Aguilar. A pesar de que este -el padre- se muestra, en un principio, un poco reticente, necesita el dinero y acaba aceptando.

Así, los lleva a la ‘sesión de fotos’ y, cuando regresa para recogerlos, ya no están. Es en este momento cuando entra en escena Tim Ballard, un agente del HSI, cuerpo especializado en detener a personas que poseen y distribuyen pornografía infantil. En su primer intento, lograron capturar a varios pedófilos pero no consiguieron averiguar el paradero de los menores. ‘Probablemente ya estén fuera de Estados Unidos’, piensan, y en ese caso poco pueden hacer, ya que no tienen jurisprudencia en el exterior del país.

Sin embargo, y haciendo caso omiso a las órdenes de sus superiores, Ballard decide hacerse pasar por un pedófilo y organizar una reunión con un niño víctima de trata. Con esta jugada, logra recuperar a Miguel y arrestar a Ernst Oshinsky y Earl Buchanan.

Con la ayuda del pequeño, va reuniendo pistas que le ayuden a encontrar a más niños y, especialmente, a su hermana Rocío. Las pesquisas les llevan hasta Cartagena (Colombia), primero, y hasta Tailandia, después; pero en ninguna tuvieron éxito. Tras este fracaso, el HSI le comunica que debe volver a Estados Unidos porque esta operación no se va a seguir financiando. Es por esto que se ve obligado a abandonar su puesto para continuar la búsqueda de Rocío.

Encubiertos, logran recuperar a 54 niños y arrestar con éxito a todos los proxenetas, pero Rocío no está entre ellos. Ballard se entera de que Rocío fue vendida a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, pero sabe que será muy complicado entrar en una zona rebelde a la que ni el propio gobierno se atreve a entrar. Así que se le ocurre un plan: hacerse pasar por médico. De esta forma logra localizar -y rescatar con éxito- a Rocío y a más menores que estaban siendo víctimas sexuales.

Después de toda esta gran operación, Tim Ballard testificó ante el Congreso de los Estados Unidos. Su declaración fue clave para la cooperación gubernamental en las investigaciones sobre tráfico sexual. Y es que, precisamente, uno de los mayores impedimentos con los que se encuentran los rescatadores es la dificultad de recuperar a las víctimas -y no tanto en capturar a los pedófilos- una vez hayan salido de su país. ¿Por qué? Porque, al igual que le ocurrió al propio Ballard, un policía nacional solo puede actuar es su Estado. La colaboración es, en este sentido más que nunca, la clave.

En una sociedad ‘moderna’, donde la esclavitud ha sido abolida en la totalidad de la Comunidad Internacional, resulta curioso que hoy en día haya más personas esclavizadas que en cualquier otro momento de la historia, incluso cuando esta era legal.


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