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Tensando la cuerda


Comienza el intento de Pedro Sánchez de revalidar gobierno en un contexto de calma tensa


En Física, existe un término denominado "fuerzas concurrentes" que se aplica cuando nos encontramos ante fuerzas cuyas direcciones coinciden en al menos un punto, aplicándose en la misma dirección pero en sentido contrario. El ejemplo más claro de este tipo de fuerzas podría ser un grupo de niños jugando al juego de la soga, dos personas tensando un cable para colgar la ropa o la investidura de Pedro Sánchez.


Tras el infructuoso, y ampliamente comentado, intento de investidura de Alberto Núñez Feijóo y, como bien reconoció la presidenta del Congreso, comenzó a correr lo que popularmente se conoce como "el reloj de la democracia". Esto es el tiempo que les queda a los grupos políticos para ponerse de acuerdo en la elección de un presidente antes de que las cámaras se disuelvan y volvamos a ir a elecciones. Viendo el previsible poco éxito que ya había tenido el líder del PP en su intento de convertirse en presidente, el Rey decidió en la segunda ronda de consultas con los grupos parlamentarios celebrada esta misma semana encargar en esta ocasión la formación de gobierno al actual presidente en funciones, Pedro Sánchez, quien, si bien no tiene las matemáticas tan de espaldas como el líder popular, tampoco las tiene totalmente de cara.


Pedro Sánchez en la ronda de consultas del Rey. Fuente: RTVE


El escaño por Madrid que el PP arrebató al PSOE tras el recuento del voto extranjero complicó aún más la aritmética política española, más cercana en los últimos tiempos a cualquier serie de Netflix sobre tramas políticas que a la época de máximo esplendor del bipartidismo, haciendo que la abstención de Junts (partido al que pertenece Puigdemont) dejase de ser suficiente para que Pedro Sánchez pudiera ser investido. Conocedores de su posición de fuerza, el partido independentista ha subido su apuesta: si el PSOE quiere el gobierno, ellos quieren amnistía y referéndum.


Cierto es que las negociaciones, en política y en los negocios, deben iniciarse con peticiones de máximos. De nada sirve presentarte a una negociación con alguien que no está dispuesto a concederte lo que quieres de manera directa y plantearle como primera opción lo mínimo que esperas conseguir, salvo que tu apuesta vaya a ser no ceder en nada, lo cual no tiende a ser excesivamente exitoso. La duda que sobrevuela es si Junts ha apostado por lo primero o por lo segundo: viendo a un PSOE abierto a conceder la amnistía, ¿es el referéndum para Junts una posición de máximos o lo mínimo esperable?


Por si estas negociaciones no fuesen ya lo suficiente complejas, en rueda de prensa posterior a las consultas del Rey, Yolanda Díaz, líder de Sumar, afirmaba para sorpresa de todos que, aunque le hubiese gustado anunciar otra cosa, lo cierto es que el acuerdo con el PSOE aún se encuentra lejano. Es una posición coherente si a lo que aspira la vicepresidenta es a diferenciarse del PSOE, pero convendría no excederse en la diferenciación dibujando un escenario que nadie cree y que terminará por hacer pensar a muchos que hay quien quiere tomar el pelo a los ciudadanos, porque, si tan lejos se encuentran Sumar y el PSOE del acuerdo, uno podría pensar a qué fue Yolanda Díaz entonces a reunirse con Puigdemont en Bruselas.


Yolanda Díaz en rueda de prensa tras la consulta del Rey. Fuente: El País


Sumar y PSOE son entes diferenciados pero que si pueden tener opciones de revalidar gobierno a día de hoy es precisamente por haberse presentado como un tándem a las elecciones, y tanto una cosa como la otra conviene tenerlas presentes. Sumar y el PSOE son entes diferenciados, pero la complicidad que Pedro Sánchez y Yolanda Díaz demostraron en el debate de RTVE no desaparece por un verano de por medio.


Por unos y por otros la investidura de Pedro Sánchez está tan cerca como lejos de hacerse realidad y podemos ver en el ejemplo del juego de la soga la metáfora perfecta para explicar en qué punto nos encontramos. Pero el peligro de esas fuerzas concurrentes en este caso no es que uno de los dos equipos acabe por llevarse la cuerda a su terreno y ganar, sino que un exceso de tensión acabe por romper la cuerda y acabemos donde nadie -o, como mucho, pocos- quiere acabar: volviendo a las urnas en 2024.


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