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Tiranía del periodismo a golpe de click

Actualizado: 11 sept 2023

Miles de datos al alcance de nuestra mano, pero más desinformados que nunca: fake news y el infoentretenimiento

Jóvenes usando el móvil. Fuente: RTVE

Un mundo cada vez más acelerado


Es una realidad: los periódicos en papel están desapareciendo; los buscadores online, así como las redes sociales, son los medios más empleados. Los contenidos deben ser más breves, más llamativos… Como decía McLuhan: “el medio es el mensaje”. Ya no cuenta tanto lo que quieres decir, sino dónde y cómo lo transmites.


Según la EGM (Encuesta General de Medios), el 87,3 % de las personas que buscan información lo hacen a través de internet, con YouTube a la cabeza. Vivimos en la “generación del ya”, en la era de la inmediatez. Consecuencia de un mundo globalizado interconectado tecnológicamente donde reinan los “fast”- food, - fashion… Así como los modelos de logística just in time o la religión del “justo a tiempo”.


La audiencia, cual sabueso insaciable, demanda cada vez más y más noticias suculentas cuyas mentes, cada vez más saturadas y críticas, buscan degustar: Instagram, Tik Tok y Twitter. Ese mensaje controvertido, los formatos de vídeo corto sucedidos uno tras otro… Son técnicas brillantes a nivel químico. Cada publicación, cada tweet, te muestra una historia, un mensaje, una emoción. Nos hemos vuelto adictos a sentir.


La comunicación en la actualidad: los juegos del hambre de la información


En la actualidad, la competitividad entre medios de comunicación roza lo salvaje. El auge de la prensa gratuita pone en "jaque mate" a la prensa de pago. La creciente pérdida de suscriptores implica menos ingresos. La publicidad ayuda, pero no siempre es suficiente. En un “sálvese quien pueda”, los medios pequeños agonizan o acaban devorados por los grandes en busca de financiación, la misma que en numerosas ocasiones acaba proporcionando en parte el Estado.


¿Qué consecuencias está generando todo esto?


El hecho de que un medio esté financiado implica una directa dependencia de su inversor y, por tanto, evitará a toda costa que se vea perjudicado. De esta manera, surge la selección y el monopolio de la información: yo elijo qué te digo y qué no. Te muestro la cara de la moneda que me interesa que conozcas y te oculto aquello que me pueda perjudicar. Adiós transparencia, hola corrupción. Sin ir más lejos, el sonado caso de las campañas electorales de Trump personalizadas de 2020.


Reflexiones finales


Es más que palpable la ignorancia, desprestigio y tiranía que lleva años castigando a esta noble profesión. La cultura dominante periodística actual se encorseta en el titular, eclipsa y diluye el verdadero sentido de la noticia, la vuelve estereotípica, lineal, aburrida.

La libertad del periodista como comunicador se encuentra coartada; es una realidad tabú que se extiende por todo el mundo como la peste y que los pequeños medios, aquellos que gozan con una mayor autonomía, buscan frenar.


En una atmósfera mediática tan convulsa, el buen periodismo va dando “bandazos” y lucha por imponer la verdad ante la creciente tormenta de mentiras y sensacionalismo que amenaza con pudrir al sistema hasta sus cimientos.

Mujer con los ojos vendados. Fuente: Pexels

En estos años febriles e inciertos para la profesión, hace falta más que nunca buenos periodistas y con ellos, buenos medios de comunicación. Personas con hambre; con un apetito insaciable por encontrar la verdad tras cada suceso e historia y ser mostrada ante el mundo.


Que la cantidad no se imponga a la calidad. Por un periodismo responsable, auténtico y libre; sin miedo a la verdad. Saber es poder y, por consiguiente, el saber otorga libertad, independencia, genera espíritu crítico a todo aquel que decide adentrarse en él. Abre los ojos, no vivas engañado.


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