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Un beso con consecuencias

Luis Rubiales, protagonista polémico durante la celebración de la Copa Mundial Femenina de fútbol, se encuentra en una situación comprometida al frente de la Federación

El pasado domingo, España se situó en el mapa del fútbol femenino mundial. Hicimos historia en dos aspectos. Las chicas consiguieron vencer 1 a 0 frente a Inglaterra y, así, poder bordar nuestra primera estrella —segunda estrella, contando con la conseguida en el Mundial masculino de 2010— en la camiseta de la sección femenina de la selección. Este hito histórico, que demuestra la evolución exponencial del fútbol femenino español, quedó en segundo plano por algo que no debería haber sucedido y nadie se esperaba. Nadie se esperaba que el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, le “robase” un beso en los labios a Jennifer Hermoso durante la entrega de medallas.


Instante en el que Rubiales besa a Jenni Hermoso. Fuente: El Diario

“¡Eh, pero no me ha gustado!”. “Pero, ¿qué hago yo?”. Estas fueron las palabras de Jennifer Hermoso en un directo de Instagram en relación a varias preguntas sobre el beso. Estas simples declaraciones bastan para afirmar que la acción no tuvo el consentimiento de la jugadora. Además del injustificable beso, Luis Rubiales protagonizó unas lamentables imágenes en el palco cuando se tocaba los genitales tras ganar la final y estando al lado de la Reina Letizia y la Infanta Sofía. Hay una frase dicha por Julio César que se puede extrapolar como anillo al dedo sobre este tema: “La mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo”. Luis Rubiales no solo debe ser el presidente de la RFEF, sino parecerlo; se le tienen que exigir unos determinados valores de respeto y educación. Visto lo visto, Luis Rubiales es el máximo mandatario de la federación de fútbol —por el momento—, pero no lo parece.


Sin duda, uno de los puntos más vergonzantes de lo que sucedió en Sídney es que este último caso es un ejemplo más de que Rubiales hace lo que le da la gana y no le importa qué ni quién se ponga delante.


No es la primera vez que Rubiales se ha visto envuelto en una nube de críticas y avalancha de personas que piden su cese o dimisión del cargo y, si sigue al frente de la RFEF, parece que no será la última vez. Porque Luis Rubiales, a pesar de “ser una sencilla persona de Motril y no haber bebido nunca ni haber fumado”, no es más que otra persona a la que el poder le ha comido el personaje. Atrás queda ya el uso del dinero de la Federación para pagarse su casa, fiestas o un viaje a Nueva York; o el traslado de la Supercopa de España a Arabia Saudí mediante un acuerdo a través de la empresa de Piqué, haciendo entrever un presunto conflicto de intereses. Sin embargo, todo esto no hizo tambalear su cargo.


Rubiales, al lado de la Infanta Sofía y la Reina Letizia, tocándose los genitales. Fuente: Diario Público

Ahora, ha cruzado una línea roja. A colación del beso a Jenni Hermoso, durante la presidencia de Rubiales en la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), una excompañera de trabajo ha denunciado que Rubiales le preguntaba “de qué color traía la ropa interior”, entre otras cosas. Esto es, presuntamente, acoso sexual en el trabajo y lo que hizo con Jennifer Hermoso también lo es.


Las críticas a Luis Rubiales no se han hecho esperar. Son muchas las personas y organizaciones del mundo del fútbol y fuera de él, de diferentes lugares del mundo, las que han condenado rotundamente el comportamiento de un supuesto presidente de una institución, y han exigido su destitución. A ojos del mundo, este acción genera una mala imagen para España, un reflejo que no se asemeja para nada sobre el resto de la sociedad española en la que Luis Rubiales es, sin duda, la excepción. Por el momento, la justa presión mediática no ha hecho que Rubiales medite la dimisión y se quiere aferrar a su puesto lo máximo posible, como buena persona que le gusta el poder.


Luis Rubiales hablando con Pedro Sánchez en la recepción del Gobierno a las campeonas mundiales. Fuente: Onda Cero

Por ello, con el fin de acabar con la era de Luis Rubiales y que se responsabilice de sus actos, ya se han interpuesto varias denuncias. El director del Centro Nacional de Formación de Entrenadores de Fútbol (CENAFE), Miguel Galán, lo ha denunciado ante el Consejo Superior de Deporte, Fiscalía de Madrid y Fiscalía General del Estado, y ha calificado como un “acto sexista intolerable en el deporte”, constitutivo de un delito de agresión sexual; Sumar, el partido político, también va en la misma línea denunciándolo ante el CSD; por último, Xavier Estrada Fernández, árbitro de VAR, lo ha denunciado ante el CSD considerándolo un comportamiento “inaceptable” donde se ejerce “abuso de autoridad”.


Por otro lado, hay personas que defienden a Rubiales. Pocas, pero las hay. Una de ellas es Rummenigge, exCEO del Bayern, que ha explicado que en un momento de euforia el gesto del beso es normal. Es normal que en un momento de euforia y alegría el presidente de la RFEF abrace a sus jugadores por ganar el Mundial, lo que no es normal es besar a nadie en la boca a traición, por mucho que se tenga una buena relación. Hay que conocer dónde están los límites.


Gracias a las jugadoras, tras el pitido final, España se ha fijado en el mapa como referente en el fútbol femenino mundial. Esto no debería quedar empañado por culpa de un hooligan que la RFEF tiene como presidente, de momento.

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