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Veneno en el plato

La Unión Europea, a diferencia de Estados Unidos, no permite la comercialización de estos alimentos porque los considera perjudiciales para la salud.

El inmenso océano Atlántico es el encargado de separar Europa y Estados Unidos, dos continentes que, aunque comparten similitudes, difieren en la manera en que abordan la seguridad alimentaria y la regulación de aditivos. Mientras que en el primero se llevan a cabo rigurosos controles de seguridad y estrictas restricciones que protegen la salud de los consumidores, en EE. UU., los aditivos alimentarios condimentan los platos.


Desde 1981, la UE ha tenido reglas estrictas para la importación de alimentos que, con el tiempo, se han endurecido aún más. En 1989, vetó seis hormonas del crecimiento, iniciando una disputa comercial que aún sigue abierta. En 2003, prohibió permanentemente otra hormona del crecimiento sintética, mientras que limitó provisionalmente la comercialización de otras cinco, una gran cantidad de tintes sintéticos, productos químicos y conservantes. ¿Cuáles son esos productos que la Unión Europea prohíbe y que, sin embargo, se consumen masivamente al otro lado del charco?



BROMATO DE POTASIO


Este aditivo, inventado en 1914 y compuesto por un átomo de potasio, otro de bromo y tres de oxígeno, es ampliamente utilizado en panadería para mantener los postres esponjosos, suaves y evitar que se endurezcan. No obstante, tras múltiples estudios, se ha demostrado que su ingesta puede conllevar vómitos, diarrea, daños en el sistema nervioso y renal, trastornos gastrointestinales o cáncer.


Es por eso que, desde 1983, tanto la FAO (Organización de Alimentos y Agricultura de Naciones Unidas) como la OMS (Organización Mundial de la Salud) propusieron no permitir concentraciones mayores de 75 mg por kilogramo de harina. Luego, en el año 1989, la Comisión de la Comunidad Europea prohibió totalmente su uso en los alimentos. "Hay evidencia de que puede ser tóxico para los consumidores, incluso puede iniciar o promover el desarrollo de tumores", explica el profesor Erik Millstone, experto en aditivos alimentarios de la Universidad de Sussex en Inglaterra. El experto insiste en que los reguladores europeos adoptan un enfoque mucho más cauteloso con respecto a la seguridad alimentaria que sus homólogos estadounidenses.


HORMONA rBGH


Esta hormona, empleada para estimular el crecimiento bovino, está prohibida en la UE por dos razones fundamentales. En primer lugar, se la asocia con efectos adversos en la salud humana, como la aparición de cánceres y daños en el hígado. En segundo lugar, su uso implica una crueldad hacia los animales, ya que el ganado que es inyectado con rBGH presenta un mayor riesgo de desarrollar mastitis o una inflamación en el tejido de la ubre causada por infecciones de microorganismos.


Precisamente y con el propósito de evitarlo, en Estados Unidos, se receta a las vacas sanas antibióticos como medida preventiva contra dicha enfermedad. Sin embargo, esta práctica ha generado una gran inquietud en la OMS, debido a que podría propiciar la aparición de “súperbacterias” y, a medida que las bacterias del ganado se vuelvan más resistentes a los antibióticos, será más difícil tratarlas. Además, en el caso de que se trasmitan a los seres humanos, serán mucho más perjudiciales.

Efectos de la rBHG en las vacas. Fuente: International Milk Genomics Consortium

COLORANTES ALIMENTICIOS


El consumo de colorantes alimentarios artificiales ha aumentado un 500% en los últimos 50 años, especialmente entre los niños. Múltiples estudios han demostrado que causan efectos secundarios graves, como hiperactividad, cáncer y alergias.


En 1973, un alergólogo pediátrico afirmó que la hiperactividad y los problemas de aprendizaje en los niños eran causados ​​por colorantes y conservantes artificiales en los alimentos. Y para demostrarlo realizó un experimento en el que se eliminaban todos los tintes artificiales de la dieta. ¿El resultado? El 73% de los niños mostraron una considerable disminución de los síntomas.


Los colorantes alimentarios más populares son el Rojo 40, el Amarillo 5 y el Amarillo 6, todos prohibidos en Europa y que suponen el 90% de todos los colorantes alimentarios utilizados en los EE. UU. Curiosamente, el consumo de estos tres productos se ha relacionado con el desarrollo del cáncer. A pesar de esto, tanto la FDA (Food and Drug Administration o Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) como la EFSA (European Food Safety Authority o Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) han declarado que todavía no existen suficientes evidencias para concluir que todos los colorantes artificiales no sean seguros.


En 2009 el gobierno británico comenzó a animar a los fabricantes a buscar sustancias alternativas a los colorantes artificiales y, a partir de 2010, es obligatoria una advertencia en el etiquetado de los alimentos que contengan tintes no naturales.


Golosinas con colorantes artificiales. Fuente: Nuevo Laredo TV

Entre la multitud de sabores y condimentos, los aditivos alimentarios revelan su siniestra dualidad. En un lado del océano, un continente muestra su cautela y preocupación, protegiendo la salud de sus ciudadanos; mientras que en el otro, se permite que los platos se aderecen con ingredientes potencialmente mortales. Una realidad que pone de manifiesto la necesidad de unificar los criterios y proteger, de manera conjunta, la salud global del planeta.







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