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“Vivir del turismo”, oxímoron político y propaganda electoral

Actualizado: 10 may 2023

La corrupción urbanística amenaza a las zonas protegidas de Canarias. Los últimos proyectos revelan la realidad tras la figura del "interés insular"

El pasado mes de febrero no hubo un solo medio digno de representar al archipiélago que no contara con espacio para los titulares sobre la votación unánime que denegaría el interés insular de Dreamland Studios y sobre las supuestas intenciones del Parlamento canario de revisar la Ley de Suelo.

La venta a plazos de las ocho joyas de la corona es un secreto a voces desde que Coalición Canaria, PP y la Agrupación Socialista Gomera presentaran hace un lustro la norma que habilitaba la figura del “interés insular” como una forma de blanqueo de lo que ya ocurría: los proyectos se aprobaban en los despachos y se pagaban al contado y en metálico.


En caso contrario, habrá que explicar cómo una construcción equivalente a 16 campos de fútbol en suelo virgen, en pleno paso de aves protegidas, a escasos 440 metros de las Dunas de Corralejo (Zona de Especial Protección) y al chollo de 50 céntimos el metro cuadrado, fue declarado por el Cabildo majorero como “bien de interés insular”.


Todo ello después de que fuera presentado junto a un informe de evaluaciones de impacto ambiental que la Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria (ACBC), junto a otras tantas, se habrían cansado de apelar y que ignoraba totalmente las últimas investigaciones sobre el guirre o la hubara canaria, declaradas en peligro de extinción.


Para más inri, la redactora del bendito informe no es otra que aquella encargada del Puerto de Fonsalía o el Muelle de Agaete, y que también participó en el proyecto Cuna del Alma, el cual pretendía sustituir grabados rupestres, cuevas naturales y restos de cerámica aborigen por un megacomplejo turístico con campo de golf incluido.


Tras cientos de movilizaciones a grito de “Menos cemento, y más fundamento” o “Canarias no se vende, se ama y se defiende” y a la luz de los rumores sobre la relocalización del proyecto Dreamland en el sur de Gran Canaria, el Gobierno de Ángel Víctor Torres se presentaba en la Feria Internacional del Turismo con un bonito escaparate ecologista (al sustituir el papel de los folletos por pantallas) y con eslóganes que usaban como emblemas precisamente las Dunas de Corralejo o las Zonas de Especial Protección.


Al respecto, el representante de la asociación Salvar Tejita dio en el clavo al declarar que “Nos sentimos rehenes de un modelo que nos ha hecho líderes de los peores estándares en los que se puede medir una sociedad que aspira a llamarse desarrollada: precariedad laboral, paro juvenil, población en riesgo de exclusión social… pero también somos líderes en corrupción urbanística, precio del suelo, destrucción de costa, etc. Todo ello con cifras que rondan los 16 millones de turistas, que a nuestros gobernantes parece resultarles insuficientes”.


Es por ello que, ahora que se acercan las elecciones y tras las increíbles mejoras que se documentaron en Canarias durante el periodo del confinamiento en materia medioambiental, habría que reflexionar sobre si la filosofía propia a años sesenta del siglo pasado sobre “vivir del turismo” no ha demostrado ya con creces que se trata de una contradicción en sí misma, y que las escasas acciones políticas tomadas al respecto se tratan de una mera fachada preelectoral.



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