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"Cuando te quitan tanto, te quitan hasta el miedo": un retrato de la tortura

El World Liberty Congress ha aterrizado en España de la mano de Molly de la Sota, Víctor Navarro, Mariana Suárez, Jesús Alemán y Dylan Canache. Estos activistas tienen un elemento en común: la tortura. Algunos la han sufrido en su propia piel. Otros han vivido la angustia de esperar durante meses noticias sobre el paradero de un ser querido que estaba siendo torturado. Todos son víctimas del Régimen Político de Venezuela. Estos son sus crudos testimonios:


Molly de la Sota


Molly de la Sota relata las semanas interminables en las que no tuvo noticias de su hermano. "A mi hermano lo torturaron. Lo tuvieron cuatro días atado y le propinaron palizas", cuenta. Describe cómo lo mantuvieron encerrado en un oscuro cuarto, conocido como el ‘Cuarto del Loco’, durante más de un mes con el único objetivo de obtener una confesión forzada.


El día del juicio, su cuerpo estaba repleto de golpes, hematomas y sangre. Sin embargo, la jueza no mostró sorpresa alguna. "Todo el sistema está compinchado", lamenta Molly.



Víctor Navarro


Víctor Navarro se licenció en periodismo y, después de haber sido torturado en el Helicoide, una cárcel conocida por practicar torturas en Venezuela, decidió recrear una experiencia totalmente inmersa en donde se experimenta, desde dentro, la vida en dicha prisión. Y es que, "no hay nada peor para un preso político que lo olviden", clama en su discurso.


Los asistentes a la ponencia pueden, con ayuda de las nuevas tecnologías, ser testigos en primera persona de lo que ocurre allí dentro. Al ponerse las gafas de realidad virtual y los cascos el usuario se encuentra con una advertencia de contenido explícito y, tras un breve contexto sobre la historia política de Venezuela, aparecerá dentro de una sucia y pequeña celda de escasos metros cuadrados en la que, tal y como ocurre en la realidad, dormirá hacinado con muchos más presos de los que realmente caben. No hay ningún mueble, ni siquiera una cama o colchoneta. Es una habitación de paredes desnudas, frías y garabateadas.


Un estrecho y lúgubre pasillo conduce a unos retretes atascados y llenos de cucarachas correteando. Las heces se acumulan en el suelo, algo que, a pesar de no existir olores en el simulador, nos permite suponer que el hedor sería insoportable.


Mientras camina por los diferentes cuartos, iluminados con la única luz que entra desde exterior por las pequeñas rendijas de los barrotes oxidados de las ventanas, varios agentes del SEBIN observan sus movimientos y le amenazan si hace algún movimiento sospechoso. Andando llegará a una de las salas de tortura en donde se recrean los reales métodos que el SEBIN utiliza: electrocuciones, llenar los cuerpos de los presos con cientos de cucarachas, atar de manos y piernas para propinarles palizas...


Mariana Suárez


Mariana Suárez, también torturada por el Régimen, confiesa que los presos políticos no tienen un perfil concreto y que “nadie te garantiza que ser chavista te asegure la libertad”. Cualquiera puede acabar en el Helicoide: “no tienes porque ser un militante, sino que te pueden encarcelar por ser estudiante, comerciante o por defender a los animales”. Recuerda que a una mujer de 66 años la metieron presa por ir a visitar a su hijo.


Visiblemente emocionada confiesa que, como todos los que fueron obligados a emigrar por sus ideas políticas, le gustaría volver a Venezuela. “Nos sacaron de nuestro país, nosotros solo queríamos ser libres como ustedes. Merecemos regresar. Si nos unimos somos mucho más fuertes porque unidos incomodamos al Régimen”.



Jesús Alemán


Jesús Alemán es un activista político que desde los doce años tiene un sueño: vivir en la Venezuela de sus padres. En una Venezuela libre como el lema de sus protestas, “calle o libertad”.


En el Helicoide, estuvo tanto tiempo recluido en una celda a oscuras y sin ningún tipo de contacto que se sentía muy solo: “extrañaba que me torturasen para tener algo de contacto humano. Me estaba volviendo loco”. Allí, fue electrocutado y asfixiado con agua para motivar una confesión forzosa pero, lejos de conseguir eso, lo único en lo que podía pensar era en que su familia no sabía que estaba allí.


Después de todas las torturas, el SEBIN le propuso tres opciones: morir en la cárcel, salir del país y dar una rueda de prensa con el presidente Maduro en la que apoyase al Régimen. Entre lágrimas relata que, pese a todo lo vivido, “la peor tortura es que te destierren de tu país”. Pero, “los que creemos en la libertad, no podemos caer en las presiones de la dictadura y ese sueño que tuve con doce años todavía sigue vivo”.


Dylan Canache - Entrevista Completa


Dylan era un adolescente de dieciséis años cuando fue detenido por manifestarse en contra del Régimen. Le acusaron de ser terrorista, a pesar tener un peso inferior a los sesenta kilos y medir un metro y medio. Durante su detención en el Helicoide, estuvo privado durante tres meses de luz y sin acceso a agua potable por más de dos semanas.


Después, fue trasladado a un centro de detención para menores, donde pasó quince días en aislamiento y fue torturado por los guardias. Vivió hacinado en una celda con dieciséis personas en un espacio diseñado para cuatro. Ha sufrido un motín en donde las autoridades les dispararon perdigones y bombas lacrimógenas. Aún tiene las cicatrices.


Esta es la historia de Dylan, pero podría ser la de cualquiera de los cientos de presos políticos que han pasado por esta cárcel y que continúan encerrados en ella todavía. Con la siguiente entrevista, se pretende entender el funcionamiento del Régimen venezolano y, sobre todo, para que en este contexto de polarización política mundial no se subestimen el poder que tienen las democracias y la importancia de garantizar que el respeto a los Derechos Humanos sea cumplido en todos los rincones del Planeta.


-Después de escuchar todas las confesiones de tus compañeros, cuéntanos, ¿cómo empezaste en esta lucha?


Crecí en un entorno familiar violento y de escasos recursos, por describirlo de alguna manera. En una de las tantas redadas que ha hecho el Régimen mataron a mis primos, siendo ellos inocentes. Presentamos una denuncia, pero no nos hicieron caso: los dieron por muertos.


En esta época, hubo una crisis muy grave en la que apenas había comida, así que, protestamos junto con un grupo de amigos. Nos reuníamos simplemente para ir a las manifestaciones. Esto ocasionó que el Servicio de Inteligencia Nacional o SEBIN [Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional] nos investigase y, finalmente, me acusaron de ser el líder de un célula terrorista, lo cual era totalmente falso.


-Estuviste encerrado en el Helicoide, una de las prisiones más grandes de Venezuela y que, desgraciadamente, es conocida por no respetar los Derechos Humanos y practicar la tortura. ¿Cómo fue tu estancia allí?


Durante todo el tiempo en el que estuve en las diferentes cárceles fui torturado, tanto de forma física, como tortura blanca [un tipo de tortura psicológica en la que se produce una privación sensorial y aislamiento extremo]. De hecho, estuve en una celda durante tres meses sin ningún tipo de luz y también me privaron de ver a mis familiares durante los seis meses que estuve allí dentro.


Tuve una conversación con uno de estos SEBINES [agentes que trabajan en la cárcel], en la que le dije que no respetaban los Derechos Humanos, ya que me sacaban para torturarme en otra área siendo menor de edad. Él me dijo que estaba en el SEBIN y que ellos no respetaban los Derechos Humanos.


Aparte del Helicoide, fui trasladado al Cochecito, un centro de reclusión de menores en el que estuve quince días en total aislamiento y siendo torturado. Me alimentaba a base de comida en mal estado; pollo crudo, pasta pasada, agua no potable y con insectos… Cuando recibimos la primera botella de agua potable, tan solo fueron un par de litros.


-Víctor Navarro, el presentador de esta Conferencia, estuvo preso contigo, ¿verdad?


Sí, fue uno de mis compañeros que estuvo conmigo durante todo este tiempo. Fui detenido con otras siete personas, de las cuales seis éramos menores de edad, y específicamente dos eran todavía niños. Pero también compartí celda con delincuentes y asesinos. Recuerdo que uno había cometido varios homicidios.


Presenciamos como nuestras compañeras eran acosadas por los funcionarios: no me atrevo a decir si las violaron, pero sí presencié como las acosaban.


Vivíamos sin ningún tipo de higiene, estábamos rodeados de cucarachas. Defecábamos en las bandejas donde nos servían la comida y, cuando el olor era muy fuerte, fabricábamos un ‘mechero’, como nosotros le llamábamos, con papel enrollado. Para encenderlo, hacíamos un cortocircuito con algún cable que hubiese en la celda y, con el humo que se generaba al quemarse, se enmascaraba el hedor de las heces.


-¿Cómo era la vida en el Helicoide?


Como ya dije antes, durante el tiempo que estuve recluido en el Helicoide fui sometido a todo tipo de torturas. Nos requisaban semanalmente las pocas pertenencias que teníamos y, cabe destacar, que lo que teníamos no es que fuesen joyas, sino utensilios como jabones, champú, pasta dental, cepillo de dientes, las colchonetas… Bueno, en realidad no eran ni colchonetas, sino sábanas que poníamos en el suelo.


-Pero, ¿quién os lo requisaba? ¿los propios policías u otros reclusos?


Eran los propios policías del SEBIN. Lo hacían para ponernos en una condición más precaria de la que ya nos encontrábamos.


-Imagino que en esta situación, tenías mucho miedo...


Claro, porque no se trata solo de la tortura que cometen los agentes, sino en las condiciones en las que estábamos. Recuerdo que en cada requisa nos golpeaban.

Los SEBINES nos apuntaban con armas de fuego. A un compañero le pusieron una pistola en el pecho porque el SEBIN estaba molesto de que fuésemos guarimberos [nombre que reciben los protestantes contra el régimen en Venezuela]. Decía que quería ver a todos los guarimberos muertos y él mismo se iba encargar de matarnos a todos.


En otra ocasión, cuando estaba ebrio y drogado, sacó la pistola y apuntó a uno de nuestros compañeros. En mi memoria, esto no lo tengo claro porque fue bastante traumático, recuerdo que accionó la pistola que, afortunadamente, no tenía balas.


-El motivo por el que te encarcelaron fue ‘ser un líder de una célula terrorista’ cuando aún eras menor de edad, ¿verdad?


Correcto, pero no solamente me acusaron de ser un terrorista; sino también de traicionar a la patria, organización para delinquir, instigar al odio, entre otros doce delitos que se inventaron.


En el Helicoide me llevaron a un sitio llamado C2, una especie de sótano donde se practican todo tipo de torturas como descargas con corriente. A mí me dieron un guion que tenía que leer frente a una cámara. Me negué rotundamente, ya que esto me comprometía muchísimo más, porque me acusaban de ser el líder de una célula terrorista financiada por María Corina Machado [fundadora del movimiento político antichavista ‘Vente Venezuela’] y, al negarme, me golpearon y tomaron mis datos.


Cuando terminaron de hacer la ‘reseña’ entró un comisario que, aunque no recuerdo bien el nombre, creo que lo llamábamos Pachuco. Me preguntó si sabía lo qué era un terrorista. Le dije que no. Para él, yo era un terrorista porque como usaba una máscara que daba miedo en las protestas, estaba infundiendo el terror y por eso yo era un terrorista.


Hay mucho más que contar, pero esto es todo básicamente.


-¿Básicamente? Creo que con tu corta edad has vivido una historia muy dura… todo lo que me has contado es muy fuerte… ¿Cuándo decidiste venir a España?


Hace nueve meses, con 21 años [actualmente tiene 22], tomé la decisión de venirme. Algo que no te comenté antes es que, después de mi excarcelación, estuve siendo vigilado por un período de un año. Me di cuenta porque, en mi caso, todos los días había un taxi aparcado enfrente de mi casa del que pude ver bajar funcionarios del SEBIN. Tenía agentes vigilando a mi círculo más cercano.


-Entonces, entiendo que tomaste la decisión de emigrar a España por pura supervivencia, ¿te viniste tú solo o con alguien de tu familia?


Vine con mi familia. Mi mamá tuvo que emigrar a España porque las condiciones en Venezuela no eran las mejores. Yo duré cuatro años en Venezuela viviendo totalmente en el anonimato, sin redes sociales, sin Internet, sin poder abrirme una cuenta en el banco... De hecho, fueron ellos [refiriéndose al SEBIN] los que me amenazaron con no abrirme una cuenta bancaria porque me iban a acusar de enviarle remesas a mi madre o de financiar actos para desestabilizar el país.


Me prohibieron muchas cosas aunque supuestamente tenía la libertad plena. El SEBIN se autodenomina como un cuerpo supraconstitucional, es decir, que están por encima de la Constitución, lo cual es absurdo, porque no debería haber nada por encima de la Constitución.


No sé si mi caso está actualmente abierto o cerrado, pero cada una de las personas que pasamos por estos centros de tortura no nos sentimos seguros en ninguna parte del mundo.


-¿Tampoco te sientes seguro en España?


Me siento mucho más seguro, pero sé que me enfrento con una dictadura que tiene millones de dólares e incluso me atrevo a decir billones de dólares de financiación. No hay un lugar donde podamos estar seguros del todo, somos historias vivas de todas las atrocidades que cometieron. Mi testimonio, que hoy te he contado, no se pueden olvidar porque son pruebas vivientes de todo lo que han hecho.


Obviamente, no les conviene que nosotros estemos hoy aquí conversando de temas en contra del gobierno de Venezuela.


-¿Te ha quedado alguna secuela, física o psicológica, de tu estancia?


Sí, sufro de mucha ansiedad y depresión porque me gustaría poder volver a Venezuela. Además, sé que si el día de mañana me toca volver a luchar por mi país, lo voy a volver a hacer. No me importa por todo lo que he pasado, no importa todo lo que me haya sucedido, si el día de mañana tengo que volver a ir a mi país y protestar con mis amigos, lo voy a volver a hacer.


-Tus amigos con los que dijiste que compartiste celda, ¿dónde están ahora? ¿siguen en Venezuela o han emigrado a otros países?


Muchos de mis amigos con los que luché en las protestas están muertos, fueron asesinados en las manifestaciones directamente. En esta entrevista no te hablé de las protestas, pero estas fueron muy duras: eran una guerra de tanques contra niños. Yo estuve ahí. Ayudé a transportar a personas muertas. Yo también fui herido. Esta cicatriz [se señala una herida que tiene en el labio superior] fue de una bomba lacrimógena, pero estoy repleto de puntos de perdigones. Tengo cicatrices de bombas, de metralla y de esquirlas de balas. Tengo recuerdos muy duros de todo lo que vivimos en ese tiempo.


Pero sigo aquí para continuar contando la historia y que esto no se vuelva a repetir.



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